Columnas

Un sánduche que vale $ 1.000

"Apelar a la necesidad y emociones de un gran sector social es demagogia pura, dirigida a quienes, quizás, le pongan un precio al poder de su voto..."

Precio es básicamente el dinero que se paga por obtener a cambio un bien o servicio; lo paga quien tiene el derecho de poseerlo.

Cuando Andrés Arauz ofrece dar mil dólares a un millón de madres de familia si resulta elegido, está prometiendo disponer de algo que no es suyo. Como lo hizo Jamil Mahuad cuando abogó por el Salvataje Bancario, ese gran Bono de la Riqueza entregado a los banqueros corruptos para paliar la crisis financiera de 1999, que ellos provocaron. Ni Mahuad ni Arauz pensaban en el país. Aquel quería salvar su puesto, este llegar como sea a Carondelet. Tanto, que ofrece hacerlo en la primera semana de su Gobierno, algo imposible pues no hay dinero en el fisco y pulir la lista de favorecidos le llevaría mucho más.

Arauz sabe que, en el actual contexto de pobreza y desesperación, espoleado por una pandemia que no da tregua, la dádiva ofrecida le genera simpatías en las clases pobres, históricamente marginadas por gobiernos que desoyeron sus demandas. Él dice que con eso reactivará la economía. ¿En serio cree que, para usar sus palabras, con pagar las cuentas de la tienda de la esquina se dinamizará el consumo nacional? Nuestra economía precisa 7 u 8 veces más esa cifra para aceitar su maltrecha musculatura. Arauz quiere que lo creamos tigre, cuando lo que dice es miau miau.

Apelar a la necesidad y emociones de un gran sector social es demagogia pura, dirigida a quienes, quizás, le pongan un precio al poder de su voto. Y si se lo ponen, ¿quién los juzgaría? ¿Los que tenemos el refrigerador lleno, las tarjetas de crédito aún vivas, y no hemos sentido nunca la permanente angustia de las cuentas que ahogan o el hambre que atenaza? La pobreza no justifica el canje al que llama Arauz, pero no seré yo quien tire la primera piedra.

En la oferta electoral no hay reactivación, ni ganas de compensar viejas injusticias, que por supuesto deben ser saldadas de una buena vez: lo que hay es una compra de conciencias disfrazada, para captar cachiporreras del demagogo. Solo que, si Arauz gana, el sánduche y la cola que pagaremos todos nos saldrá muy caro: costarán mil dólares esta vez.