Correa repartirá el naipe

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Correa repartirá el naipe

'¿Y si el ‘outsider’ lo encuentra el expresidente Correa cuando designe su candidato? Él tiene un respaldo de cemento armado...’.

En las últimas 4 décadas, los gobiernos han oscilado de derecha a izquierda y viceversa, con más de un brote de populismo. Funcionó la ‘ley del péndulo’. Si la historia se repite, el mayor opositor a Lenín Moreno es el gran opcionado a sucederlo de aquí a un año...

Pero, para que a algunos de mis lectores no les dé un patatús, supongamos que la bendita ley no se repite. Entonces veamos: la derecha tiene a dos candidatos peso pesado. Los dos tienen chances, pero no si corren a la vez. Uno debe ceder.

La izquierda está desorientada y en hilachas: toda la franja progresista o contestataria está sin líder. Tal vez los indígenas, aupados por el espejismo de octubre pasado, lancen su candidato para captar a la tendencia. Sería estupendo: todos sabríamos, y ellos más que nadie, el tamaño real de su estatura.

El centro, que es el sitio ideal de los oportunistas, tiene tantas y tan malas fichas que repetirán lo que es usual en nuestras papeletas: aspirantes de un 1 %. Como lo fueron el expresidente Osvaldo Hurtado (elecciones 2002) o el exfiscal Washington Pesántez (2017). Y el candidato del Gobierno será un sacrificado que rozaría, con suerte, un 3 %. Sea su apellido quiteño o alemán.

¿Quién entonces podría patear el tablero? Un ‘outsider’, que potencie el gran descontento popular. Puede ser. Pero no hay en el horizonte un personaje así y el tiempo se acaba. Un “outsider” no es un desconocido: no lo eran Lucio Gutiérrez o Rafael Correa cuando fueron aspirantes ganadores.

¿Y si el ‘outsider’ lo encuentra el expresidente Correa cuando designe su candidato? Él tiene un respaldo de cemento armado; sus fans no oyen ni ven nada que no sea la obra de su ¿revolución? Les importan un bledo los sobreprecios y las coimas. No existieron. Punto. Lo que hubo fueron hospitales y refinerías. Punto final.

Un nombre que consolide al correísmo y sume votos de la ancha franja de los desposeídos de la patria puede dar una sorpresa parecida, o mayor, a la que dio Álvaro Noboa en 1998, cuando Abdalá Bucaram, el expresidente por entonces en fuga, se lo sacó de su manga de gran prestidigitador. Y si Bucaram pudo hacerlo, ¿Correa por qué no?