Columnas

Libre acceso a la universidad

Sostener que debe existir libre acceso o ingreso a la universidad es una frase que puede ser entendida de diferentes maneras: avance progresista, utopía irrealizable, retorno al pasado, sin calidad ni rigurosidad académica, o simplemente demagogia.

El porcentaje de la población que aplica la ley del mínimo esfuerzo en diversas sociedades, considera que todos los que terminan el bachillerato deben ingresar directamente a la universidad, sin importar cumplir o no con los requisitos, destrezas y habilidades para tal o cual carrera, haciendo uso del derecho a la educación. Cuando ya están en la carrera, no importa si aprueban o no la materia, tienen que ser promovidos de año hasta ser graduados, por su derecho a la promoción. Errónea y perjudicial interpretación.

Todos los ciudadanos tienen el derecho al libre acceso a la universidad “siempre y cuando cumplan los requisitos” que se exige para el efecto, en igualdad de condiciones. Los estudiantes tienen el derecho a ser “promovidos”, pero cumpliendo con los presupuestos académicos requeridos. Todo derecho tiene un deber u obligación de contrapartida. No todos los estudiantes deben optar por carreras universitarias de 4 o 5 años, cuando en institutos superiores técnicos o tecnológicos pueden tener un título de educación superior en 2 años y estar preparados para el desempeño laboral calificado en la sociedad.

Sostener que es preferible ver a los jóvenes sin calidad académica ni conocimientos en las universidades, antes que verlos en las calles con drogas o delincuencia, no es acertado. La academia no es institución correccional ni bodega de personas no adaptadas a la sociedad. La academia es y debe ser la casa del cocimiento, de la ciencia, de la formación humanista y profesional de calidad.

Las sociedades desarrolladas, con profesionales muy competentes, consideran que la educación superior debe ser ejemplo de capacitación, calidad académica y competencias profesionales, que debe estar íntimamente ligada con la formación humanista, principios, valores, ética y moral de los ciudadanos. Yo comparto este criterio.