Nebot: ¿federalismo o angurria?

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Nebot: ¿federalismo o angurria?

Por alguna razón incomprensible (por la jeta), Jaime Nebot se considera diferente (mejor, claro) que la élite política de la que es el mejor representante

Jaime Nebot confirmó lo que era obvio: que no tiene una pálida idea del modelo federalista que propone para el Ecuador. En otras palabras: que no propone ninguno. Su idea, mejor dicho, su ocurrencia, cabe en la misma fórmula que ya utilizó para describir la estrategia de chantaje político disfrazada de modelo autonómico de la que medró por lustros: federalismo al andar. Por supuesto que nunca lo va a decir así, porque es ridículo, es inaplicable y es, a todas luces, una tomadura de pelo. Pero es lo que es. Eso queda claro en el video de seis minutos que publicó este martes en las redes sociales.

“Convertir a nuestro país en una república unida y federal -dice ahí- sería un cambio positivo y trascendente. Para eso hay que concertar, primero, un indispensable pacto social de carácter nacional, discutido a profundidad, sin sectarismos, para adaptarlo a las necesidades y realidades de todos”. ¡Qué gran idea! ¿Cómo no se nos ocurrió antes? Nebot es Don Perogrullo. Su propuesta de federalismo consiste en que hay que discutir una propuesta. Genial. “A profundidad”, por supuesto. “Sin sectarismos”, hombre, claro. Pero ¿qué propuesta? Eso no sabe. ¿Alguna idea? Nada, cero. Sin embargo...

Sin embargo, mientras se construye ese modelo con las ideas de otros (porque él, seamos francos, no tiene ninguna), bien se puede avanzar un primer paso (lo dicho: federalismo al andar) tan rápido como inmediatamente. ¿Qué paso es ese? Repartirse la torta. El doble para todo el mundo. Oiga, pero es que, sin modelo, no se puede saber cómo va a quedar la torta, en cuántos pedazos va a estar dividida, con qué mecanismo de participación, con qué propósitos o funciones y, no menos importante, cómo quedan las cuotas para la harina y los huevos. No importa, dice Nebot: el doble. Esta parte le encanta: “Significa, óiganme bien -dice y recalca-, que todas las provincias y todos los cantones recibirán el doble”, y repite: “el doble de dinero”. Como que grabó el video nomás para decir eso.

¿Cómo se financia eso? Fácil, dice Nebot. Ocurre que el Estado central “dispone para sí” (tal cual), del 90 por ciento de los ingresos de petróleo y el 80 por ciento de los impuestos. Con eso debería atender a las provincias pero no lo hace, conque basta con sacarle el doble de dinero para que cada provincia se atienda a sí misma y el Estado no pierde nada. Claro, porque lo que gasta el Estado, por ejemplo, en sueldos de maestros (suma incrementada por la populista acción de su partido) no llega a los maestros de las provincias. Y lo que le cuestan los subsidios de los combustibles (cifra incrementada por la acción de los aliados políticos con los cuales está por repartirse… ¡el Estado!), será nomás para los carros oficiales, ¿no? ¿Cómo, si no, se entiende aquello de “el Estado dispone para sí”? ¿O será que Nebot está haciendo populismo con contabilidades truchas?

Por alguna razón incomprensible (por la jeta) Nebot se considera diferente (mejor, claro) a una élite política de la que es el máximo representante. La propuesta que acaba de presentar merece los mismos calificativos que utiliza él para referirse a esa élite política: es “mediocre” y es “cretina”. Que un debate tan importante como el del modelo de convivencia pública y de organización del Estado haya quedado en manos de un empresario electoral sin una triste idea en la cabeza es una tragedia nacional.