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No es ley ni lo será pronto

¿Es ley? No solo no lo es sino que haber cerrado este capítulo con tanto esfuerzo demuestra que estamos más lejos que nunca de que lo sea

La abolición de la maternidad obligatoria es una de las mejores noticias de los últimos tiempos. Que a las mujeres que fueron embarazadas a la fuerza no se les obligue a parir el hijo del cretino que las violó es lo mínimo que se le puede exigir a un sociedad organizada bajo los principios republicanos y el respeto a los derechos de las personas. Sobre todo cuando la sociedad en cuestión reconoce ya ese derecho para las mujeres “con discapacidad mental”: uno no sabe si atribuir semejante excepción a la pura y simple mojigatería nacional o a una suerte de prevención eugenésica filonazi que prescribe el aborto solamente con fines de mejoramiento de la raza. Pero en fin, se acabó ese despropósito.

La decisión de la Corte Constitucional es una buena noticia, sí. Pero puestos a recapitular el camino (arduo, interminable) que fue necesario recorrer para llegar a un reconocimiento de derechos tan elemental, resulta inevitable caer en el más profundo desaliento. “¡Es ley!”, clamaron las organizaciones feministas llenas de alborozo al conocer el fallo de la Corte. ¿Lo es? Aun compartiendo su entusiasmo, hay que reconocer que no. Ley es la que acaban de aprobar en Argentina. Ahí, el aborto en casos de embarazo por violación estaba despenalizado desde 1921. Ahora el aborto sin restricciones se permite y se reglamenta (se establece su gratuidad, por ejemplo) hasta la semana 14 de embarazo.

Esto de la semana 14 es importante. En el Ecuador se ha impuesto (incluso constitucionalmente, lo cual no disminuye su arbitrariedad) aquella demagogia barata de que la vida comienza con la concepción. Vaya desatino: la vida no empieza con la concepción; la vida, simplemente, no se detiene. La vida humana, por otro lado, ¿cuándo comienza? La ciencia dirá que un cigoto es un amasijo de información genética pero no un ser humano. Otros creen que, justo en la concepción, Dios insufla en el cigoto un alma inmortal merecedora de la bienaventuranza eterna, de lo cual proviene su sagrada humanidad. Se trata, por supuesto, de una creencia respetabilísima pero impertinente en un debate que debe desarrollarse en los términos del laicismo. Aquí la cuestión, ya que el Estado se ha declarado garante de la vida humana, consiste en establecer en qué momento comienza esta. Los legisladores argentinos han decidido que en la semana 14. Algún día el Ecuador tendrá que tomar una decisión al respecto. Lo hará.

¿Cuándo será eso? He ahí la causa del desaliento. Consagrar un elemental derecho que los argentinos reconocieron hace un siglo ya fue una guerra en el Ecuador. Hubo una oposición irreductible. Hubo un lobby eclesiástico atosigante. En 2013 hubo asambleístas condenadas al silencio por el caudillo de entonces. En 2019 hubo una carta del actual presidente electo que persuadió a su bloque de legisladores. Ahora hay otra, en la que anuncia que respetará la decisión de la Corte. Se aplaude el gesto, pero ¿acaso podía no hacerlo? ¿Tanta bulla porque un presidente se compromete a respetar una decisión judicial que está obligado a respetar y que reconoce derechos elementales? Aborto en casos de embarazo por violación, con cien años de retraso. Vaya conquista. ¿Es ley? No solo no lo es sino que haber cerrado este capítulo con tanto esfuerzo demuestra que estamos más lejos que nunca de que lo sea.