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Columnas

Rentistas políticos

"Es peligroso poner a dirigir nuestro destino a personas para quienes la demagogia es más fuerte que la evidencia científica"

Hace pocos días los Padres (y Madres) de la Patria, con la mirada a otro lado del Gobierno, incluyeron en el texto de la Ley Orgánica de apoyo humanitario para combatir la crisis sanitaria derivada del COVID-19 una de esas perlas con las que tratan de lucirse para la fanaticada. En el artículo 15 se instruye al Ejecutivo que defina la política de fijación de precios en los alimentos y bebidas que componen la canasta familiar, extendida tal medida hasta fines del año 2020. ¿Y por qué solo hasta fines de 2020? Si fuera tan bueno fijar precios, lo hubieran hecho hasta la eternidad. Bueno, quizá alguien diría que no, que se trata solo hasta fin de año, mientras duren los motivos para hacerlo. Lo que los rentistas políticos (término acuñado en este momento) no entienden, o quizá lo entienden, pero la demagogia es más fuerte que la razón, es cómo se forman los precios y qué afecta la eficiencia de un mercado. Estoy convencido de que no se han tomado la molestia de analizar si el problema es movilización de cosechas, mejora de variedades, cadenas de frío, asociatividad de producción, acceso a financiamiento, costo de insumos, acceso a mercados, y un sinfín de etcéteras para mejorar la producción y productividad, crear abundancia, estimular la colocación de excedentes para exportación y generar prosperidad para el productor, y satisfacción del consumidor. No, es lo que parece fácil: fije precios y mande a la Policía a controlar. La forma más rápida de provocar escasez es a través de la fijación de precios de productos agrícolas, salvo casos muy puntuales de productos de mercados residuales; pero aun en esos casos alguien paga la cuenta, y siempre es el contribuyente. Ecuador ha sido un país autosuficiente en producción de alimentos agropecuarios, y la razón fundamental es la libertad de mercado. ¿Los mercados son eficientes? No, sin duda no en muchos casos, pero la solución pasa por analizar las fricciones de ineficiencia y estimular su corrección. No hay una ley que nos lleve por ascensor a la prosperidad; la prosperidad es una meta posible por la escalera de la libertad.