Columnas

La confianza

Me contestó literalmente: aquí la sociedad menosprecia a quien no es digno de confianza.

Evito escribir sobre moral o ética, simplemente porque no creo que nadie puede ir pregonando esos cánticos. A veces sospecho de quienes mucho hablan de esos temas. Más bien mi enfoque tiene que ver con el valor económico de la confianza.

A inicios de 1985 fui a Gotemburgo, Suecia, por estudios, aprovechando para trabajar y pagarme los gastos. Cada día me movía en bus y tranvía; pudiendo pagar con monedas, casi todos compraban una tarjeta mensual de transporte, la cual jamás me pidieron que mostrara. ¿Por qué? Porque esas sociedades, y en general las sociedades de mayor desarrollo, le atribuyen un enorme valor a la confianza. La capacidad de hacer predecible un evento, reduce los costos de operaciones, aumenta la productividad y mejora la capacidad de relacionamiento.

Un tiempo después cayó en mis manos una nota técnica sobre Organización, que mencionaba que las transnacionales tienden a emplear en la cúpula de sus operaciones fuera de sus países, a personas del mismo origen que su matriz. Los alemanes hacen negocios con mayor facilidad con alemanes, noruegos con noruegos, etc. ¿Es racismo o etnocentrismo? No lo creo; es simplemente que su expectativa de comportamiento no es incierta, sino predecible.

La falta de confianza genera enormes costos en la vida de los negocios. Francis Fukuyama, gran internacionalista y escritor, dice que la ausencia de confianza en una sociedad es como un gran impuesto que se debe pagar. Cuanta más desconfianza exista en la palabra de la contraparte, más costos en abogados se deben incurrir, más diligencias se deben llevar para verificar que lo que está escrito es verdad, y mayores investigaciones deben realizarse hasta tener la certeza de que el otro no quiere pasar gato por liebre.

Pensemos si hay algo que podemos hacer en la vida cotidiana o en la educación de nuestros hijos para contribuir a un ambiente general de confianza. Alguna vez le pregunté a uno de mis compañeros de estudios qué pasaba si en el tranvía me pedían la tarjeta y no la tenía. Me contestó literalmente: aquí la sociedad menosprecia a quien no es digno de confianza.