Columnas

Una nueva realidad

Mientras volvemos es necesario replantear la forma de operar tomando en cuenta nuestra humanidad...

La angustia de este mes no se parece a ninguna otra, todavía ni sabemos ni entendemos lo suficiente para definir la nueva realidad a la que debemos acogernos.

El confinamiento es clave para contener el virus que nos mantiene paralizados. Francia extendió el plazo hasta el 11 de mayo. Sin embargo, la vida, como la hemos diseñado hasta ahora, no aguanta que más de la mitad de la población se quede encerrada; eso para quienes sobreviven la pandemia y sus desgarradores golpes. “Esto es día a día”; para sobrevivir la enfermedad, para sobrellevar la pena, para lidiar con la incertidumbre de si sobrevive la empresa donde trabajo, si sobrevive la empresa que creé, si logro pagar las cuentas, si logro dormir esta noche, si logro alimentar a mi familia, si logro descontaminar el botellón de agua, si logro usar bien la mascarilla, si logro no contaminarme mientras me presento a trabajar, si logro agradecer lo suficiente a quienes ponen la cara a esta pandemia que tanto dolor produce, si logramos educar a los niños en este contexto. Hay demasiadas interrogantes.

Sabemos poco, pretendemos saber mucho. Cambiemos el chip, es necesario entrar en modo prueba-error; pues las recetas del pasado no garantizan nada. Necesitamos mucha creatividad, empatía y humildad para lidiar con los desafíos de esta crisis. El mundo debe reprogramar sus prioridades y entramos en ese proceso nos guste o no. Mientras volvemos es necesario replantear la forma de operar tomando en cuenta nuestra humanidad; el manejo de las emociones, aplicar las distancias a espacios públicos, formas de saludarnos, espacios dentro de las oficinas, uso de servicios higiénicos públicos, políticas de continua desinfección, nuevos criterios para socializar, utilización de tecnología en su máximo para ejecutar nuevos protocolos de estudio y trabajo. Debemos analizar el costo de los cambios y tendremos que lidiar con las ventajas y desventajas pues nos toca adaptarnos a una realidad que nos permita amortiguar nuevas amenazas, no porque estemos traumados sino porque el aprendizaje debe aplicarse a la flexibilización y adaptabilidad de los mecanismos que implementemos.