Columnas

La democracia necesita una prensa pluralista

"En la Unión Europea estamos luchando contra la desinformación porque sabemos que se opone a uno de nuestros más importantes valores: la democracia"

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"La COVID-19 intensificó las olas de desinformación, su efecto sobre la calidad de la información debería ser evaluado con una visión a largo plazo".Adrián Peñaherrera

La desinformación no es nueva. Los maquiavélicos ya conocían su poder muchos siglos atrás. Es difícil medir cómo se incrementó este fenómeno, pero no hay duda de que el desarrollo exponencial de la tecnología le ha dado un impulso importante y el confinamiento por COVID-19 otro. La diferencia con el pasado es que ahora ya no podemos fingir ignorancia. Sabemos que hay campañas de desinformación orquestadas, pero muchas veces ni siquiera nos damos cuenta de cómo están entrando en nuestras vidas diarias. ¿Será cierto? Es una de las preguntas que deberíamos hacernos cuando leemos un WhatsApp o un tuit, o cuando revisamos nuestro Facebook. ¿Dónde quedó ese noticiero de las 20h00 que todos esperábamos, veíamos y en el que creíamos? Si se trata de medios privados, ¿estará manipulado según dicen algunos grupos? Pero en manos del gobierno, ¿acaso no puede ocurrir lo mismo? ¿Por qué las noticias sobre el mismo hecho en diferentes canales de televisión, radios o periódicos parecen hechos diferentes?

En la Unión Europea estamos luchando contra la desinformación porque sabemos que se opone a uno de nuestros más importantes valores: la democracia. Sabemos que en esta “guerra de teclados” somos objetivo de actores estatales y no estatales. Pero estamos convencidos de que esto no es excusa para limitar la libertad de expresión. Que la respuesta a la desinformación no es la censura, sino la capacidad de distinguir entre hechos y opiniones. Hay que luchar contra la desinformación con información de calidad, comunicación estratégica, diplomacia pública. Entre los países miembros de la Unión Europea hemos establecido un Sistema de Alerta Rápida y nos informamos mutuamente de informaciones falsas. En el Parlamento Europeo se estableció un comité especial encargado del tema. Trabajamos intensamente con la sociedad civil y con el sector privado también. Nos enfocamos en la educación. Estamos contemplando legislación para que las redes sociales mantengan un comportamiento transparente y confiable. Abogamos por una prensa pluralista porque sabemos que la democracia necesita ser alimentada con información de calidad, en un ambiente abierto y seguro.

Sin embargo, si la COVID-19 intensificó las olas de desinformación, su efecto sobre la calidad de la información debería ser evaluado con una visión a largo plazo. Es decir que la ‘virtualización’ de las noticias y el impulso natural de la ciudadanía para no pagar por algo que se pueda encontrar gratis ‘online’ no va a desaparecer después de la COVID y esto afectará seriamente a los medios en lo económico. Se estima que solamente en el periodo que va de marzo a mayo de este año los ingresos por publicidad bajaron entre 60 y 80 % a nivel mundial. Esto, sin mencionar que las dificultades que encuentran los periodistas para salir de sus casas a buscar y verificar noticias, pone en peligro la supervivencia de muchos medios de comunicación, la sostenibilidad de su calidad y la pluralidad que necesitamos tanto. Es preocupante y merece una reflexión profunda.