Columnas

Febres-Cordero

"El “míreme a los ojos, doctor Borja, no me baje la mirada” fue solo la cereza del pastel para ganar con 82 mil votos la segunda vuelta electoral"

El cuarto presidente para recordar en nuestras fiestas es a León. Era lunes. Ese 30 de enero del 84, las urnas cerraban con una victoria en primera vuelta de Rodrigo Borja, de Izquierda Democrática. Muchos guayaquileños le teníamos temor a esa posible presidencia y con ese temor, fui al búnker del Frente de Reconstrucción Nacional de la calle Rocafuerte para ser voluntaria de la nueva campaña que arrancaba. Había que remontar casi 34 mil votos, en una población que era la mitad de la actual. La energía que circulaba en esa sede de campaña era impresionante. Esa gran dama que fue Eugenia, las hermanas de León y todas sus hijas, lideraban los programas a los que cientos de voluntarios nos sumábamos; de toda edad y de todos los barrios. Factor10, programa buseta, puerta a puerta, nuevos himnos de campaña, nuevos ‘slogans’, nuevas estrategias; se unían al Plan coordinadores de manzana que me tocó coordinar. La pasión del trabajo 24/7 solo se comparaba con ese golpe de energía que se sentía cuando León llegaba al recinto. El 24 de abril, en el debate más formidable que hubo hasta hoy, que incluso cambió la hora de un Clásico del Astillero para que todos lleguen a tiempo a casa. El “míreme a los ojos, doctor Borja, no me baje la mirada” fue solo la cereza del pastel para ganar con 82 mil votos la segunda vuelta electoral. Me resentí con el presidente electo cuando no envió las 3.700 cartas de gratitud a los coordinadores de manzana que permitieron su elección, pero eso no quita que se reconozca la obra de su gobierno. Solo el hecho de habernos liberado de Alfaro Vive Carajo y el haber retornado a su ciudad a regenerar un cabildo sepultado en la inmundicia, sentando las bases del Guayaquil de hoy, nos hace recordar la canción que acurrucó su muerte en diciembre del 2008, cuando su pueblo coreaba desde la calle su himno que dice: “Cuando el país no puede más, ni sabe por donde caminar hay que volver a unirse…”.

Pocas vías nos salvan hoy, otra mano dura como la de Febres-Cordero o un pacto nacional, tipo de la Moncloa, con un programa de integridad, de reforma de la economía, de fortalecimiento jurídico, fiscal y político. Estamos a tiempo para buscar la salida.