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Ahora el ‘statu quo’ es Nebot

"Otro planteamiento totalmente conservador atraviesa la consulta de Nebot: un estatismo que sin duda muchos camaradas celebrarán. Y que sorprende en un líder de un partido proveniente del sector empresarial"

Es lamentable que Jaime Nebot haya decidido no competir en las urnas para hacerse cargo del destino del país. De lo contrario, ¿hubiera elaborado 11 preguntas que, según dijo, someterá a los electores en una consulta popular? Esas 11 preguntas prueban que el exalcalde sigue viendo el Estado como lo hacía a inicios del 2000, cuando quiso erigir el municipalismo en alternativa a un Estado fallido y volverlo un mero distribuidor de recursos. Y como ese Estado es moroso y es víctima de crisis congénita, ineficiencia y ahora pandemias, Nebot quiere obligarlo a que cumpla con los gobiernos seccionales a rajatabla, convirtiendo esas obligaciones en mandato popular.

En apariencia, la consulta propuesta da cuenta de una mentalidad desconcentradora e incluso federalista. Es lo contrario. La consulta refuerza el modelo concentrador y de dependencia económica del Estado por parte de los gobiernos seccionales: quieren recursos, pero no reivindican competencias y solo lo hacen si ese Estado, que saben incompetente y quebrado, les otorga asignaciones. La consulta va tras los recursos, sin preguntarse cómo hará ese Estado para procurárselos. Es más: crea nuevas obligaciones, con inmensos egresos, sin que se evoque siquiera cómo ese Estado, cuyo destino no preocupa a Nebot, obtendrá los ingresos. En ese sentido, la consulta propuesta es regresiva e incluso da la espalda a los aires federalistas que recorren, de vez en cuando, Guayaquil.

El meollo de la movida política de Nebot se juega en las preguntas 9 y 10 que proponen que el Banco Central transfiera, en forma automática, las asignaciones a los gobiernos seccionales y que esos gobiernos, las empresas públicas, universidades y escuelas politécnicas puedan retener la totalidad del IVA que les corresponde. Transferir recursos, en forma automática, luce lógico. No lo es. Basta cotejar esa propuesta con la realidad que el país tiene en la retina: un Estado en crisis, obeso, ineficiente, endeudado, quebrado además por la pandemia y con inmensas necesidades de financiamiento. Incapaz, en una palabra, de cumplir sus compromisos. Esa disonancia debería dar lugar a un replanteamiento total del sistema político y administrativo del país. No es el caso: el planteamiento de Nebot acaricia al electorado y se limita, en forma ficticia, a hacer creer que la solución está en transformar en mandato popular las obligaciones de un Estado disfuncional y concentrador no solo de los recursos sino de los problemas y las taras de un modelo vetusto. Nebot lo quiere conservar y conservar también esa otra anormalidad que consiste en tener gobiernos seccionales cuya administración se enfoca en reclamar asignaciones. ¿Sorprende que no haya ciudadanía en el país?

Otro planteamiento totalmente conservador atraviesa la consulta de Nebot: un estatismo que sin duda muchos camaradas celebrarán. Y que sorprende en un líder de un partido proveniente del sector empresarial. ¿Quién no quiere que el Estado regale semillas a los agricultores, material de mejoramiento bovino y pecuario a los ganaderos e información georreferenciada a los pescadores (para lo cual se pide un barco laboratorio en alta mar)? Es obvio que un Estado debe tomar medidas a favor de esos y otros sectores. ¿Pero no es populismo puro consagrar al Estado-regalón en mandato popular? ¿Y no es populismo judicial tomar un delito atroz (violación con muerte de la víctima menor de 14 años) para imponer una pena de 50 años de cárcel?

Hacer creer que los problemas propios de la política se arreglan con leyes, es el mayor espejismo de la consulta planteada por Nebot.