La otra pandemia

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La otra pandemia

La Organización Mundial de la Salud calcula que el 5 % de adultos sufren de depresión: 280 millones de personas a nivel mundial

No creo que sea correcto decir a estas alturas que la depresión es una enfermedad de la que no se habla, hace mucho dejó de ser un tabú y en general siento que nos sentimos más cómodos hablando hoy en día sobre salud mental que, por ejemplo, hace 40 o 50 años.

Dicho esto, el hecho de que la situación haya mejorado no significa que estamos donde debemos estar, lamentablemente; hay generaciones a las que todavía les cuesta comprender la gravedad de la depresión, la fuerza que se necesita para salir de ella y el hecho de que jamás debe considerarse una debilidad. Una persona deprimida no es débil, no se mejora con que le digas que no esté así y no ayuda a la situación minimizar su dolor.

La Organización Mundial de la Salud calcula que el 5 % de adultos sufren de depresión: 280 millones de personas a nivel mundial.

Para poder luchar contra este problema tan grave, debemos empezar en casa. Los padres tienen que hacerse cargo, por ejemplo, cuando un hijo suyo abusa de otro u otros en el colegio. No son “cosas que hacen los niños”. En el año 2020, según cifras del Ministerio de Educación, 250 niños en el sistema escolar intentaron suicidarse, ¡y en el 2021 fueron 500!

Debemos poner el ejemplo, que nuestros hijos vean en casa la clase de personas que queremos que sean. No comentar sobre los rasgos físicos de alguien, no tratar mal a la gente, dejar esta obsesión que tenemos con los cuerpos y las burlas que con eso vienen; en general, a ser gente de bien. El cambio comienza en uno y no existe excusa para que padres con hijos que tienen este tipo de comportamiento los “dejen ser” porque “a esa edad es normal”. No es normal, no está bien. Sobre todo en edad escolar nuestros niños son muy frágiles, les afectan mucho más las cosas y los pueden marcar de por vida.

Y no basta con lamentarnos cuándo alguien sufre de esta enfermedad, hay que estar presente, preguntarnos cómo podríamos ayudar, porque están librando una batalla que nadie conoce y en la que quieren alcanzar la victoria. Pero como sociedad debemos mejorar para que las cifras de depresión bajen; si no en unos años ese 5 % de adultos con depresión, ¿a cuánto subirá?