Columnas

Aferrarse a lo bueno

"El amor que damos es lo que consolida la unión de las personas que más queremos, y eso a veces, significa dejar el orgullo en la puerta"

Quiero ser sincero con ustedes, esta ha sido la columna que más me ha costado escribir.

Lo más difícil es que la escribo tan solo a unos días de que mi abuelo, el novelista y empresario ecuatoriano Guido Jalil, perdiera la vida por complicaciones de COVID-19.

No es fácil evitar sentir desesperanza, pero mi abuelo era una de las personas más alegres y optimistas que he tenido la bendición de conocer, así que en honor a él en eso me enfocaré.

Me quedo con la valentía que presencié de doctores que ponen en riesgo su vida a diario con tal de cumplir con su deber.

Me quedo con el cariño y la solidaridad que llegaba no únicamente de los amigos, sino de completos extraños o de apenas conocidos que, viendo que pasábamos por un momento difícil, nos mandaban sus mejores deseos y nos regalaban sus oraciones.

Me quedo con el aprendizaje de que no hay dolor lo suficientemente grande para vencer a una familia unida.

Me quedo con la esperanza de que este año y de que esta dura situación que vivimos nos habrá servido a todos para ser mejores porque si no, nada habrá tenido sentido.

Finalmente, me quedo con los mejores recuerdos de una persona que resaltó en dos cosas: escribir y sobre todo, amar.

El amor que damos es lo que consolida la unión de las personas que más queremos, y eso a veces, significa dejar el orgullo en la puerta.

A los que me leen solamente les puedo decir que se aferren mucho a los suyos, que los cuiden y que se cuiden ustedes. Que no pierdan la oportunidad de decirse el uno al otro cuánto se quieren.

Mi abuelo muchas veces revisó mis columnas incluso antes de enviarlas, hoy soy tan bendecido que siento que la escribe conmigo.

Hasta siempre caminante, usted sí que supo hacer camino al andar.