Columnas

Afganistán: ¿debacle de Occidente?

La errática y confusa conducción de la guerra no ha sido sino su consecuencia

Más preguntas que respuestas. ¿La caída de Afganistán en manos de los talibanes marca el comienzo del fin de la hegemonía de los Estados Unidos en el mundo e incluso señala el inicio de la pérdida decisiva de influencia de los valores occidentales como la democracia y la libertad que han definido nuestro tiempo desde la Revolución Francesa? ¿Cómo pudo derrotar a la primera potencia del mundo, poseedora de la más alta y sofisticada tecnología militar, un grupo de guerrilleros, protegidos por las montañas, que poco a poco fueron ganando terreno hasta tomar las ciudades más importantes del país y derrotar a un enemigo cuatro veces más grande en número, entrenado por tropas estadounidenses y dotados de armas sofisticadas? ¿Qué pasó con los servicios de inteligencia de la primera potencia del mundo que creyó que los militares afganos podrían mantener a raya un tiempo más a los insurgentes y hasta negociar un acuerdo de paz?

No debe sorprender el retiro de las tropas estadounidenses. Ya el expresidente Trump había anunciado con toda precisión el fin de la presencia militar de Washington. Biden no hizo sino prolongar un poco más la presencia. Pero lo que no estaba previsto es que el retiro fuera realizado de manera tan desastrosa, ni que las Fuerzas Armadas afganas se rindiesen sin disparar prácticamente un tiro. Las terribles escenas del éxodo de afganos, sobre todo hacia el aeropuerto de Kabul, y el desamparo que expresan quedarán en la memoria para vergüenza y dolor de nuestro tiempo. “Como resultado”, ha escrito Francis Fukuyama en The Economist esta semana, “el poder de Estados Unidos para disuadir a sus enemigos y tranquilizar a sus amigos ha disminuido…”.

La desastrosa salida de los EE. UU. de Afganistán no se debe, sin embargo, exclusivamente a la fortaleza moral de los talibanes. La sociedad estadounidense se ha ido polarizando radicalmente en todo, vive de la desconfianza y del resentimiento. Hasta un tema como el uso o no de la vacuna contra la COVID-19 es conflicto. La errática y confusa conducción de la guerra no ha sido sino su consecuencia.