Columnas

El hombre en la arena

Aquel que se consagra a una causa digna, que en el mejor de los casos al final encontrará el triunfo en un logro grandioso o en el peor de los casos fracasará...

En su Psicología de las masas y el análisis del yo, Sigmund Freud describe con precisión la degradación social que sufren personas cuando abdican de su individualidad en favor de la masa. Como diría Freud: “…por el solo hecho de ser parte de una multitud, el hombre desciende varios escalones en la escala de la civilización. Aislado, era quizás un individuo culto; en multitud, es sin duda un bárbaro”. Acá seguimos sin entender que la pandemia no se va a ir en el corto plazo y aquello exacerba la histeria e irracionalidad del hombre-masa.

Comenzando el día 58 de encierro forzoso resulta evidente que a la psiquis colectiva le cuesta discernir entre la realidad y el imaginario. Es ingenuo asumir que por la simple existencia de ‘iure’ del semáforo en rojo, la gente ha estado en sus casas viviendo de sus ingresos o de la caridad, cuando lo que ha sucedido de facto es que la informalidad no ha parado desde el día uno, porque el hambre es más temible que el virus. Pero el temor engaña la psicología de masas y nos hace persistir en el ideal utópico del ‘lockdown’ perenne. Como siempre, el emprendedor formal es el gran sacrificado en esta pesadilla kafkiana y su trágica construcción social. Y mientras la formalidad naufraga, la controversia nacional se distrae en trivialidades, como insistir en el cretinismo de que los que regresan al país no puedan pasar la cuarentena en su casa, sino en un hotel. Y el que no pueda pagarlo, pues que no regrese. La psicología de masas es rústica, pero determinante.

Tuvieron que pasar 8 entregas y 25.600 caracteres para que al menos 3 cantones de este país reconozcan que la pantomima del encierro perpetuo es insostenible. No faltará el ataque artero de la masa que, para esconder su propia mediocridad, insistirá en que lo conveniente no es abrir hoy la economía, sino mañana. Así como el tendero hoy no fía, pero mañana sí, el hombre-masa y su liderazgo hoy no abre, pero mañana sí.

A los alcaldes de Daule, Palora y Santiago de Méndez mi agradecimiento en nombre del Ecuador sensato. El mundo pertenece a los valientes, aun a costa del propio temor y riesgo. Porque los problemas se resuelven enfrentándolos y no haciéndoles el quite. Y a la Gestapo criolla y su inevitable diatriba, les dejo esta sabia reflexión que hiciera el presidente Theodore Roosevelt hace ya 110 años en la Sorbona de París: “No es el crítico el que cuenta, ni el hombre que señala al fuerte que se tambalea, ni el que comenta sobre algo que pudo haberse hecho mejor. El reconocimiento le pertenece al hombre que está en la arena, cuyo rostro se mancha de polvo, sudor y sangre. Es de aquel que lucha valientemente, del que se equivoca, del que da un traspié, pues no hay esfuerzo sin error ni defecto. Es de aquel que realmente se esfuerza por lograr su cometido, del que conoce de grandes entusiasmos y de grandes entregas. Aquel que se consagra a una causa digna, que en el mejor de los casos al final encontrará el triunfo en un logro grandioso o en el peor de los casos fracasará, pero al menos atreviéndose a algo grande, de forma tal que su lugar jamás sea con esas almas frías y tímidas que nunca conocieron ni victoria ni derrota”.

¡Hasta la próxima!