Columnas

Tenemos presidente

La patria ya es de todos otra vez y al mundo entero le ha dado pruebas de un quehacer político muy distinto del que impera, por desgracia, en buena parte de América

Aun antes de su investidura el 24 de este mes, digo que por fin tenemos un Presidente.

Los 14 años vividos bajo un régimen de atropellos, engaños y sobresaltos, obedeciendo mandatos extraños a nuestra historia, acaban de pasar de una manera no esperada, pero ansiada.

Los acontecimientos en la instalación de la Asamblea y la elección de las dignidades hacen pensar que amanecemos con un sol radiante. Respiramos aire puro, aunque todavía no tanto como el que necesitamos. Hay burocracia política indeseable que aún contamina y debe ser la causante del último engaño a Guayaquil. Me refiero a la respuesta que dio el saliente a la solicitud para la devolución del Instituto Nacional de Higiene. Se solazaron al crear un ente burocrático al que le pusieron el nombre de Leopoldo Izquieta Pérez y dieron por terminado el asunto. Tamaña estupidez. Desconocimiento total de lo que se hacía en el mentado instituto para beneficio de la salud en todo el país.

Capítulo aparte y volviendo a mencionar a la Asamblea, es llamativa la actitud de los que ni rajan leña ni prestan el hacha. A los que se abstuvieron, me refiero. No son ni chicha ni limonada. Ese es el panorama que reinará en cualquier votación para conseguir leyes que rescaten al Ecuador de la vorágine robolucionaria. Frontales los que votaron NO. Un aplauso para los que eligieron dignidades que quieren el cambio con diálogo.

Una lección de hombría de bien y manejo de la política, la dio el Presidente. No más componendas ni tratos con gente que se alinea con Dios y el diablo. Se le acabó el cuarto de hora al PSC- MG y su representante. No solo hay que hablar bonito y mandar al páramo a la gente bajo cualquier pretexto. Para gobernar hay que ser elegido. Él no lo fue y nadie en su sano juicio quiere cogobernar con quien no es nada ya. Entre bastidores o como anotador, solo en los teatros.

Presidente Lasso, solo le falta desaparecer el mamotreto de Montecristi y sus engendros.

La patria ya es de todos otra vez y al mundo entero le ha dado pruebas de un quehacer político muy distinto del que impera, por desgracia, en buena parte de América.