Columnas

Reflexiones sobre Afganistán para América Latina

Rechazar frontalmente cualquier propuesta de intervención militar

La toma total de Afganistán, en cuestión de semanas, por parte del grupo islamista Talibán después de dos décadas de ocupación militar por EE. UU. apoyado por la OTAN, es decir por las principales potencias del norte, de Occidente, significa, a nuestro criterio, lo ineficaz de una intervención militar, el desconocimiento de las características socioculturales del país y el fracaso del rol autoasumido de gendarme mundial.

EE. UU. invadió Afganistán para sancionar al gobierno talibán por la acogida y apoyo brindado al grupo terrorista y fundamentalista islámico Al Qaeda, autor y ejecutor de los repudiables actos del 11 de septiembre de 2001 en suelo estadounidense que provocaron más de 3 mil víctimas. Durante estos 20 años han muerto 2.500 soldados estadounidenses, 1.100 combatientes de la Coalición, 70.000 militares afganos y alrededor de 50.000 civiles; y, hubo un gasto de más de dos billones de dólares principalmente en asistencia militar y armamento. Los resultados están a la vista: ¿se justificó la intervención militar y sus secuelas?

Lecciones mundiales: no se puede romper la institucionalidad mundial que se creó y fortaleció después de la segunda posguerra con la ONU. El presidente Bush desoyó, inclusive despreció, los pedidos del secretario general Kofi Annan para evitar una invasión militar. Hubiese sido mucho más aleccionador para el mundo y para la lucha contra el terrorismo -como pedagogía de tolerancia y libertad- si los líderes de Al Qaeda hubiesen sido juzgados y sentenciados por el Tribunal Penal Internacional, que el Gobierno estadounidense no quiere reconocer, y no por medio de asesinatos selectivos, como un arreglo de cuenta entre pandillas, por drones, la ignominia de Guantánamo y soldados de élite vengadores.

Para América Latina, Afganistán deberá significar: arreglar por nuestra propia institucionalidad los contenciosos de la región, como lo está haciendo México con los actores políticos enfrentados venezolanos. Fortalecer instancias propias como la Celac para ventilar y resolver nuestros problemas. Rechazar frontalmente cualquier propuesta de intervención militar.

Priorizar la defensa de la democracia, justicia y derechos humanos.