Triste realidad

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Triste realidad

No es noticia nueva escuchar sobre tragedias en estos sanatorios clandestinos...

Años atrás, las películas de acción, donde los policías perseguían por todos lados a los delincuentes para finalmente terminar capturando al jefe de la banda, eran toda una novedad. En ese entonces ver ese cruce de balas era digno de cine. Lo que nunca imaginamos es que esas escenas llenas de sangre y violencia iban a ser parte de nuestro diario vivir. En Guayaquil ya no solo se trata de pequeñas bandas dedicadas al microtráfico sino que hablamos de una guerra declarada entre grupos delincuenciales perfectamente estructurados, dirigidos por mafias internacionales.

Las consecuencias colaterales son muchas: muertes inocentes, inseguridad ciudadana y adictos por doquier, porque los reclutados para la venta y distribución de sustancias ilícitas terminan siendo los más grandes consumidores.

En la medida de lo posible tratamos de dar solución a las repercusiones de esta peligrosa actividad. Si la inseguridad se nos viene encima, nos organizamos en los barrios para cuidarnos las espaldas, nos llenamos de rejas y cámaras de vigilancia; y si la droga llegó a nuestros hogares, buscamos algún centro de rehabilitación que ayude a superar la adicción.

En la búsqueda de esos centros "de salvación", ante la desesperación accedemos a clínicas clandestinas que lo último que hacen es curar.

No es noticia nueva escuchar sobre tragedias en estos sanatorios clandestinos, debido a que tras rejas y bajo mil llaves, los pacientes, al no recibir el tratamiento necesario y con la abstinencia que los come vivos, hacen lo que sea para tratar de salir de ese infierno. Incluso atentan contra su propia vida, prendiendo fuego para así obligar a las personas encargadas de estos lugares a abrir las puertas.

Cuando los noticieros informan sobre los muertos, se culpa de estas desgracias a las personas que aprovechando la escasez de oferta, hacen de sus casas clínicas improvisadas. ¿Cuántos incendios más debe haber en estos lugares para que el Gobierno tome cartas en el asunto?

No se trata solo de sancionar a los oportunistas, sino de crear espacios seguros para curar las adicciones.