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Y los culpables son los mismos de siempre, los gobiernos de paso y quienes nos gobernaron en años anteriores, que se dedicaron a aumentar sus ganancias personales y jamás a trabajar para el pueblo’.

Ya una semana desde que inició el paro nacional en el país que ha dejado hasta la fecha varios saldos negativos y un fuerte golpe al bolsillo, pues las actividades a medias del sector comercial han aumentado el costo de la vida de manera desproporcionada. El Gobierno, con estados de excepción en ciertas provincias ha tratado de mermar en algo las manifestaciones, pero de poco han servido. La exigencia de reformas sociales y económicas no se aceptarán a medio gas y tampoco la propuesta de diálogo por parte del Gobierno, ya que es de conocimiento de todos que estas reuniones terminan dilatándose por semanas, sin llegar a ningún acuerdo.

Nos encontramos en un círculo vicioso, un cuento de nunca acabar. La vida se encarece, no hay trabajo, la delincuencia nos gobierna. El pueblo llega a su límite y manifiesta su inconformidad; salen a las calles, se dan enfrentamientos entre civiles y organismos de control, hay destrucción, heridos, muertos. Por las vidas que se perdieron se insta al diálogo y finalmente se llegan a acuerdos que durante algún tiempo se cumplen, pero con el pasar de los meses volvemos a lo mismo de antes. El Ecuador de siempre, con la misma historia repetida una y otra vez, de desigualdad social, donde el rico es más rico y el pobre ya sabemos.

Y los culpables son los mismos de siempre, los gobiernos de paso y quienes nos gobernaron en años anteriores, que se dedicaron a aumentar sus ganancias personales y jamás a trabajar para el pueblo. Y cada paralización es el nacimiento de un nuevo político que crea inteligentemente la ilusión de salvador, haciendo creer que pone el pecho a las balas y que está al pie de la lucha.

No solamente necesitamos cambios en temas específicos, requerimos un cambio de raíz, una escuela para políticos que se les enseñe a no caer en tentación, a no cometer los errores de siempre. El país no necesita que se saque al presidente para poner a otro que seguirá sin realizar mayor gestión. No necesitamos tanta convulsión. Pero esto solo es un sueño platónico y de sueños no se puede vivir. Nos falta seguir existiendo con lo que tenemos y lo que no tenemos.