Nos ven la cara

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Nos ven la cara

Es más que lógico: los corruptos no quieren dejar de serlo, los mentirosos piensan siempre en su beneficio y los incapaces se llenan de mediocres a su alrededor

Es desgastante, decepcionante y frustrante vivir en este país. ¿No les pasa que -a ratos- sienten que Ecuador ya no tiene remedio? ¿No se sienten engañados? ¿Como si saliéramos de cada escándalo directo hacia otro peor?

Lo más grave es que esta sensación de ser persistentemente burlados nos impacta cada vez menos, porque siempre son más audaces, cuidan menos las formas, y parece que el quemeimportismo resumido en el “ya qué chu...” es una forma de vida nacional.

Nos dicen que los hilos de la política los siguen manejando “las mafias”. A estas alturas me pregunto… ¿cuáles mafias?, ¿quiénes son los mafiosos y quiénes son los que los encubren? Nos creen idiotas, nos mienten en la cara. Basta con hacer un recuento de los hechos de la última semana.

En el caso de ‘Don Naza’ cada novedad es más escandalosa que la anterior. Entró no una, sino tres veces al mismísimo Ministerio de Defensa. Y, días después, lo encuentran muerto. ¿Con los secretos de quién se fue? Jueces que sueltan a delincuentes capturados en flagrancia, robando casas, ¿y les dan medidas sustitutivas? Un presidente que cada vez que habla de las mujeres es para burlarse con expresiones machistas, ¿acaso nadie le dice nada?

Nos dicen que “no hay pactos”, mientras en la audiencia para la cuestionada excarcelación de Jorge Glas, había tres representantes del Gobierno. ¿Nos creen idiotas?

Decía mi abuelita que hay que ser y parecer. Pero en Ecuador se ha perdido la vergüenza y ni son ni parecen líderes que quieren cambiar el destino del país. Es más, dan ganas de apagar la luz, cerrar la puerta e irse.

Estoy convencida de que no hay manera de avanzar si la corrupción y la mentira reinan. No hay gobierno que, a través de la mentira y la incapacidad, logre sacar a la sociedad del hoyo. No he visto en mis cuarenta años un país que, sumido en la corrupción, logre salir de ella. Es más que lógico: los corruptos no quieren dejar de serlo, los mentirosos piensan siempre en su beneficio y los incapaces se llenan de mediocres a su alrededor.