Películas y realidades

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Películas y realidades

Y a mi hijo menor le expliqué que el amor entre dos personas adultas no se juzga. Se respeta

Ha pasado suficiente tiempo desde el estreno de Lightyear como para que alguien se ofenda con mi opinión. Quizás esto último sea imposible, dado que estamos tan extremistas y listos para señalar al que no piense como nosotros. Sin embargo, como soy madre de dos niños aún pequeños, tengo argumentos para decir que me parece una estupidez pensar que por ver a dos mujeres besándose durante pocos segundos, ellos pudieran decidir ser homosexuales.

Si fuera así de simple todo en la vida, las mujeres -o al menos las que crecimos viendo películas de Disney- realmente pensaríamos que vamos a conocer a un príncipe al final de nuestra adolescencia que nos “rescatará” y nos hará felices para siempre. O que siete enanos extraños nos cuidarán de una madrastra que nos quiere matar. O que conoceremos a una bestia troglodita a la que, con solo un beso, podemos convertir en un príncipe alto, musculoso, blanco, adinerado y exitoso: una completa locura.

De hecho, es más dañina esa narrativa de que alguien vendrá a completarte o del golpe de suerte que se transforma en un felices para siempre, que una pareja de mujeres que se demuestran amor y compromiso, enseñándonos que una familia no es lo que nos han hecho creer por décadas.

Me parece necesario mostrar que la diversidad existe. ¿Saben por qué? ¡Porque es la realidad! Si a usted no le gusta ver a parejas homosexuales tomándose de la mano, yendo al supermercado, jugando con niños, es usted el que va a tener que vivir debajo de las piedras. Es usted el que tiene un problema de tolerancia.

¿Que cómo le explican a sus hijos una escena hermosa de una película animada? Es más sencillo de lo que parece: salga de la burbuja, hable del amor que va más allá de cualquier estereotipo.

A mí me ha funcionado decirle a mi hija que los príncipes azules no existen, que normalmente no te enamoras de millonarios y que, sin duda, ningún hombre tiene que rescatarla. Y a mi hijo menor le expliqué que el amor entre dos personas adultas no se juzga. Se respeta.