¿Aún somos humanos?

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¿Aún somos humanos?

Helen Maldonado fue una de las víctimas de la masacre en la Penitenciaría del Litoral. Helen, una mujer que no debió estar ahí desde un inicio, porque es una mujer trans. A ella la calcinaron, la mataron sin que el Estado le pueda garantizar lo que por principio le correspondía: estar en la cárcel de mujeres.

Helen estaba en el pabellón de transitoria. Tenía la oportunidad, en marzo de 2022, de solicitar cambio al régimen de rehabilitación semiabierto. No pudo. La silenciaron de la peor manera. Me pregunto dónde estaba la Secretaría de Derechos Humanos para garantizar la seguridad que le correspondía a Helen. Es inevitable suponer que el sistema penitenciario no respeta la identidad de género de las personas trans privadas de la libertad. Mal y tarde están ofreciendo acciones, cuando aún hoy hay 60 mujeres trans en una cárcel de varones. Vulnerables ante todo tipo de violencias.

¿Sabe quién era John Campuzano Triviño? Seguro ha visto a sus hijos iniciar una cruzada para demostrar que su padre era inocente. Estaba acusado de falsedad de información y aunque se investigaba su participación, le habían dado prisión preventiva… Fue su sentencia de muerte. Era contador de la empresa Ecuagran, relacionada al caso Isspol, cuyos responsables ya ni siquiera están en el país. ¿Cuántas veces, por la necesidad de tener un responsable para mostrar a la prensa, terminan encerrando al eslabón más débil?

Otra de las víctimas del sistema era Xavier, un hombre preso por no pagar pensiones alimenticias. Y así podríamos seguir hablando de más de 40 personas que, sin haber sido sentenciadas, fueron asesinadas en la última masacre.

Es más que natural sentirse indignado por la incapacidad del Estado para hacer algo tan básico como organizar a las personas privadas de la libertad según su peligrosidad. Pero hay algo que también indigna, y es esa falta de humanidad de quienes siguen repitiendo que está bien que se maten entre ellos, cuando en nuestro país la prisión preventiva es una medida de la que se abusa y a la que todos somos vulnerables por cualquier error, mientras los delincuentes gozan de una impunidad que asquea.