Anestesiados

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Anestesiados

Esta semana empezó con un atentado contra civiles, en un barrio. En cualquier parte del mundo eso es un ataque terrorista que debería movilizarnos. ¿Y qué pasó? Empezamos a culparnos unos a otros.

Estamos anestesiados. A esa conclusión llegamos hace unos días con una amiga, mientras regresamos de una cena. Nos cuestionamos qué más tenía que pasar en el país para que todos, y cuando digo todos me refiero a la sociedad en general, protestemos, para que queramos cambiar nuestras acciones individuales y colectivas.

Ambas somos extranjeras y hemos vivido disturbios sociales en nuestros países de origen. Las dos coincidimos en que, a pesar de nuestras experiencias, nunca habíamos sido testigos de este efecto de anestesia prolongada en la gente. La corrupción ha hecho metástasis en este país que sentimos nuestro, pero parece no tener fin y uno siente que no le importa a nadie. Se han denunciado casos inauditos y ya nada sorprende: la Refinería del Pacífico, el desfalco luego del terremoto de Manabí, el robo de los fondos del Isspol, el desangre de los hospitales. Nos matan a diario y ahora solo contamos muertos, sin un mínimo de empatía. Los asesinatos en la vía pública ya no asustan. Las decisiones judiciales, en lugar de indignación, dan risa… un ‘habeas corpus’ más o uno menos ya no pasa de ser tendencia en Twitter.

Esta semana empezó con un atentado contra civiles, en un barrio. En cualquier parte del mundo eso es un ataque terrorista que debería movilizarnos. ¿Y qué pasó? Empezamos a culparnos unos a otros.

La corrupción está enquistada en las instituciones estatales, en las fuerzas del orden y en el poder Judicial, los que en teoría deberían darnos seguridad, porque son la garantía de una sociedad demócrata, de un Estado de Derecho. Pero en Ecuador el poder Judicial está infectado con la peor de las bacterias: esa impunidad es la que les da garantías a las mafias, a los políticos de turno, a todo el que delinque.

Puede sonar trillado o tal vez tonto, pero les diré algo: de la única manera que se sale de esta situación es unidos, caminando hacia un mismo objetivo. ¿Acaso creemos que nunca van a tocar nuestra puerta la violencia, la injusticia y la corrupción? Tenemos que despertar, mirar hacia la raíz del problema antes de que sea demasiado tarde.