Asamblea Nacional que desencanta

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Asamblea Nacional que desencanta

Parlamento significa parlamentar, hablar, disentir. Y esto no lo conocen nuestros honorables padres de la 

Aunque nos cansemos y cansemos a nuestros distinguidos lectores de Atalaya, al abordar una vez más el tema relacionado con la Asamblea Nacional, lo hacemos porque estamos convencidos de que “la gota taladra la roca” y de que “nada es eterno sobre la tierra”.

La Asamblea es una institución que a pasos acelerados evidencia muchas lacras, ya éticas, ya políticas, ya jurídicas, que hacen que nuestra sociedad desconfíe de ella y que su aceptación sea muy baja, porque demuestra un total desconocimiento de nuestra realidad. El parlamento, asamblea o congreso, como sea que se lo llame, es una de las funciones del Estado que representa la voluntad de un pueblo.

Quienes la integran deben ser respetuosos con su electores y no convertir sus curules en mercadillo de pulgas para satisfacer ambiciones económicas impropias de la dignidad que ostentan. A estos inmorales y delictivos procedimientos se agrega la falta total de conocimiento de los problemas que pasan por sus manos, lo que se evidencia cuando leen sus intervenciones en las sesiones, o cuando lo único que hacen es insultar, apostrofar a todos quienes no comparten sus criterios.

Ha desaparecido de la función Legislativa la elevada discusión cuando de un problema crucial o no crucial se trata. Parlamento significa parlamentar, hablar, disentir. Y esto no lo conocen nuestros honorables padres de la patria. Lo que acaba de suceder en esta última semana con los casos Pandora Papers y la ley tributaria desnuda a los “honorables” porque ejecutaron procedimientos que dan grima, desazón.

No saben cómo votar, ni qué hacer cuando el resultado no favorece a su manera de pensar. No existe en la casi totalidad de los legisladores consecuencia alguna con lo que gritan en las campañas electorales, esto es amor al pueblo y su juramento de luchar por él hasta dar la última gota de su sangre…

Esta situación es tan decepcionante que la presidente de la Asamblea Guadalupe Llori exclamó: “Dios bendiga a la Asamblea Nacional, carajo!”. El pez por su propia boca muere…