Columnas

El exceso de información o cómo lidiar con las redes

"Tienen disponible tanta información que les resulta difícil diferenciar y no dejarse llevar por las modas... y por lo que la masa considera adecuado"

Cada vez que escucho a mi hija de doce años hablar sobre su “YouTuber” preferido no puedo evitar pensar que todos mis esfuerzos por intentar alargar al máximo en el tiempo el acceso a la información y a las múltiples redes sociales, limitando los permisos, limitando el tiempo de juego y el acceso a determinadas páginas en internet... no están sirviendo, efectivamente, para mucho.

Y es, entonces, cuando pienso en lo realmente complicado que está resultando para estas generaciones el crecer sin estar condicionadas por un exceso tremendo de información.

No es que yo sea muy mayor, pero todavía recuerdo cuando todas nuestras opciones se limitaban a solamente tres canales en la televisión (¡que en la mayoría de los casos cambiabas teniendo que levantarte a aplastar un botón en el televisor!).

Ahora existe todo un universo inagotable de contenidos, tanto en la televisión como en la internet.

Y me pregunto... ¿está evolucionado todo a la misma velocidad?

¿Estamos preparando a la juventud que viene para tener la capacidad de discernir entre tanto contenido?

¿Qué ver?

¿Qué no ver?

¿Qué creer?

¿A qué le dan importancia?

¿Qué es válido y cómo les afecta toda esa exposición?

Más allá de todo aquello que les hemos podido transmitir acerca del concepto básico de lo que está bien y de lo que está mal, creo que tienen disponible tanta información que les resulta difícil diferenciar y no dejarse llevar por las modas, por las tendencias y por lo que la masa considera que es lo adecuado.

Creo asimismo que, en la mayoría de los casos, simplemente no cuentan con las herramientas suficientes para pensar por sí mismos y decidir si algo es bueno o si algo es malo porque el estándar se ha desvirtuado, poniendo la vara con la que se miden estos conceptos en un espacio demasiado difuminado y etéreo.

No puedo evitar que se me ponga la piel de gallina pensando que estas nuevas generaciones lo tienen, ciertamente, bastante más complicado que todos aquellos que no teníamos tantas y tan variadas opciones...

El tener dónde elegir siempre es algo bueno, pero el no disponer de las herramientas para lograr elegir con criterio, cuando existen tantas y tan diversas alternativas, puede ser un arma de doble filo.

Hagamos un esfuerzo, como padres y también como sociedad, para evolucionar, si no es posible hacerlo a la misma velocidad, por lo menos a un paso acelerado para que una de las herramientas con que cuenten nuestros hijos sea nuestro criterio objetivo, si es que la objetividad cabe en este vasto escenario.