La estatocracia rusa

  Cartas de lectores

La estatocracia rusa

De este autócrata ruso autor de notables crímenes de guerra solo nos salva que alguien cese su enfermedad sangrienta

Es difícil que al celebrarse 50 años del triunfo ruso sobre las tropas del holocausto nazi se acabe la guerra de Rusia-Ucrania. Es decir, de un Estado sobre otro Estado. Nos recuerda el fascismo de Mussolini, que prohibía la lucha de clases, la propiedad privada, salvo las excepciones del caso. Decía: “Todo en el Estado, nada fuera del Estado, nada contra el Estado”. Los imperios se han manifestado en la historia por varias maneras: expansionista, como el de Alejandro Magno, que llegó hasta la India (IV a. C.). Los imperios económicos como Inglaterra, Francia y actualmente Rusia, China y EE. UU., siempre adosados a lo cultural, religioso y generalmente políticos. Ej.: el actual ruso, que vende a toda Europa la energía, el gas y petróleo. La Commonwealth, que significa en inglés “bienestar público”, compuesta por varias naciones, repúblicas soberanas, y los que lograron la independencia; otros como federados. Dependen de dictaduras blandas o duras, pero se mantienen con autonomía. Los que fueron Unión Soviética asimismo, con sus 15 países dependiendo de un Kremlin central, tenían sus costumbres, idiomas, religión, y más peculiaridades. Vladímir Putin ha establecido su dictadura individual, sin ideología alguna, ni socialismo, ni capitalismo (en Rusia hay magnates y millonarios en rublos y dólares). Quiere establecer su original y propia estatocracia, haciendo olvidar al mundo individual, como indicó el escritor James Joyce en La historia es una pesadilla de la que trato de despertarme. De este autócrata ruso autor de notables crímenes de guerra solo nos salva que alguien cese su enfermedad sangrienta.

Dr. Héctor Cisneros Arias