Desinformación, fascismo y poder: una mirada a las disputas políticas del mundo
El debate sobre fascismo, guerras y poder global vuelve a cobrar fuerza en un escenario internacional marcado por conflictos y desinformación

La desinformación es uno de los desafíos para comprender los conflictos políticos y geopolíticos actuales.
En este mundo digital lleno de malinformación existe confusión sobre el trasfondo de la política del gobierno ucraniano. Llama la atención que aparentemente no rechace de forma frontal la acusación rusa sobre la presencia de grupos neonazis con influencia política. ¿Será por temor? Según Wikipedia, el fascismo se caracteriza por ser “totalitario, antidemocrático y ultranacionalista”, incluso dentro de estructuras aparentemente democráticas.
Fascismo y autoritarismo a través de la historia
Esta actitud no nace solo con el hitlerismo, franquismo o mussolinismo; también estuvo presente durante el colonialismo, con la matanza de pueblos indígenas, la esclavitud africana y la explotación de numerosas naciones. Esa visión autoritaria, disfrazada a veces de monarquías o repúblicas, ha sido parte de la construcción violenta de imperios.
El apoyo de grandes potencias a gobiernos autoritarios ha sido una constante en los siglos XX y XXI, muchas veces ligado a intereses de corporaciones transnacionales. Estas apoyaron a Hitler y otros tiranos mientras les fueron útiles, abandonándolos cuando sus derrotas amenazaron sus intereses. Colombia muestra cómo sectores fascistas, con apoyos externos, han mantenido conflictos prolongados durante décadas.
Tras la Segunda Guerra Mundial, la sociedad civil organizada ganó espacios frente a poderes económicos dominantes. Hoy se presenta otra ofensiva política mundial encabezada por Donald Trump en Estados Unidos, que busca -según esta visión- frenar avances democráticos. Si el siglo pasado estuvo marcado por el choque entre capitalismo y socialismo, hoy lo está por la disputa entre capitalismos monopolistas que dominan el mercado financiero y comercial global. Como en toda guerra, las principales víctimas son las poblaciones.
La doctrina de la ‘competencia’ ha convertido la economía en una lucha permanente, desde la rivalidad comercial hasta la automatización tecnológica sin suficientes límites éticos. Son guerras ajenas a la mayoría de las personas. Por ello, la sociedad civil debe seguir organizándose para resolver sus problemas y no dejar su destino únicamente en manos de corporaciones transnacionales.
Federico P. Koelle D.