Cartas de lectores

La corrupción enraizada como modo de vida

¡Estamos a las puertas de una nueva oportunidad; esperamos esta vez no desaprovecharla!

La inmoralidad política es un hecho histórico crónico del devenir del Estado ecuatoriano. En cada época que ha vivido la sociedad hasta la actual, se realizaron actos ofensivos que contradicen la conducta y valores morales aceptado. Una perversidad que indica costumbre. La corrupción es crónica. Pareciera que la incultura predomina por sobre nuestra cultura cívica. Y que la ambición por el poder y el dinero es lo que hace mover el desarrollo del país sin ética alguna. Como que la sociedad política está atrapada en un círculo vicioso en el que las transacciones ilícitas son la droga que los hace caer en una especie de adicción. Como lo evidencian muchos de los casos emblemáticos de escándalos de corrupción en nuestra historia política, las conductas políticas son pocos honestas, nada íntegras, imperfectas y nos indica ausencia de virtuosidad, deslealtad a los principios, a la ética, a la justicia. Somos una nación en donde la corrupción política es tolerada abiertamente y muchos de sus habitantes están faltos de moralidad. Se han rebajado a tal nivel nuestras exigencias éticas que inmoralidad y corrupción se han convertido prácticamente en un estilo de vida. Los políticos ecuatorianos en su gran mayoría caen en ello, actúan para alcanzar ambiciones personales, buscan enriquecerse del erario público. La corrupción se ha enraizado como modo de vida y pareciera prácticamente imposible cambiar dichos hábitos, incluso adquirir ideales sanos. Los políticos han caído en un pozo de inmoralidad del cual no pueden salir. Son muy pocos los que no toleran y consienten la inmoralidad, la mayor parte guarda silencio y continúa como si nada pasara. Los ecuatorianos no queremos más políticos cuya vocación sea inmoral y corrupta, sino una actitud y condición fundamental de servir. Necesitamos una nueva generación de políticos y líderes que den testimonio de coherencia. La palabra, el honor y la dignidad parece que no valen nada. ¡Estamos a las puertas de una nueva oportunidad; esperamos esta vez no desaprovecharla!

Ec. Mario Vargas Ochoa