Cartas de lectores

El amigo imaginario

Esta se ha diluido entre promesas, como el bono por $ 200 de pandemia que anunció el presidente, pagaderos con el rol del mes de febrero a quienes están en primera línea de combate contra la pandemia.

Para don William F. Arellano.

Tendría un poquito más de cinco años cuando desperté y cogiéndome de la cabecera de la cama me puse de pie comenzando a decir “Venga cuquito lindo, venga”, eufórico de alegría. Mis familiares se impresionaron por el inusual llamado, calmando mi entusiasmo por aquel ser sobrenatural que ellos no veían y que consideramos maléfico. Nunca he dudado de la existencia del amigo imaginario que asoma si observamos detenidamente al niño que aparentemente juega “solo”. Un alto número de personas conforme pasan los años lo semibloquea de forma imperceptible y de manera absoluta a partir de los 25 años. Hasta un poco más de los 45 ya se han desprendido de esa parte consustancial de la espiritualidad humana: la sensibilidad. Dejan perder parte de ella por la excesiva dinámica y desmedido trajín para obtener lo que se ambiciona y con la equivocada manera de querer cada vez más para lograr superbienestar y superación, para sentirse superior con los que conviven, pero no para servirlos con sus conocimientos y un poco de dinero en apremiantes necesidades. Todavía no comprendemos que la vida es efímera y que el individualismo se convierte en negación de los éxitos por la manera poco ética de no aplicar la solidaridad. Muy poco se ha observado en nuestro país el sentido de solidaridad de instituciones como la Asociación de Bancos Privados o las diferentes Cámaras, ni del Gobierno, que tiene la ineludible (pero que la ha eludido) obligación de brindar ayuda. Esta se ha diluido entre promesas, como el bono por $ 200 de pandemia que anunció el presidente, pagaderos con el rol del mes de febrero a quienes están en primera línea de combate contra la pandemia. Vuelvo al derrotero de mi amigo imaginario, a gusto con aquel que en mi infancia me llenó de alegría, reiterándole mi aprecio con aquel improvisado estribillo de “Venga cuquito lindo, venga”. Menciono esto no porque sea endiablado sino por aquel dicho de que “más sabe el diablo por viejo, que por diablo”.

 César Jijón S.