SUSCRÍBETE
Diario Expreso Ecuador

Diderot en la habitación

Los algoritmos y la inteligencia artificial eliminan la profundidad y tensión del debate real para crear un entorno de conocimiento superficial

Hasta hace poco, apropiarse de una idea exigía algún contacto con ella: leer, escuchar, conversar. La inteligencia artificial y la interacción virtual están cambiando eso.

Hasta hace poco, apropiarse de una idea exigía algún contacto con ella: leer, escuchar, conversar. La inteligencia artificial y la interacción virtual están cambiando eso.Generada con IA

Creado:

Actualizado:

Hubo un tiempo en que las élites se adornaban con personas. En los salones del Antiguo Régimen, conversar bien, tener ingenio y conocer a las personas correctas eran signos de civilización. La aristocracia tendía a confundir los códigos de su clase con la cultura misma, pero entre una cosa y otra había vasos comunicantes. Existe incluso un debate sobre el papel de aquellos salones en la Ilustración: si fueron lugares donde se formaron y difundieron sus ideas, o si eran sobre todo espacios de sociabilidad aristocrática por los que también circulaban los filósofos. No hace falta resolverlo aquí.

Lo importante es que, para presumir de pensamiento, había que invitar a pensadores. Había que conocerlos y, al menos durante un rato, escucharlos. Voltaire, Diderot o D’Alembert frecuentaron ese mundo. Había ideas, pero también vanidad, intriga, moda y pose. La diferencia era que la pose tenía un inconveniente: el filósofo estaba sentado a la mesa. Podía hablar, discutir y dejar en evidencia al anfitrión vacuo.

Dos siglos después democratizamos el salón, pero conservamos algo de su narcisismo. Las nuevas clases medias también se adornan: cuerpos trabajados, viajes, gastronomía, espiritualidad, liderazgo, ‘coaches’, podcasts, libros y opiniones. Instagram y LinkedIn son grandes salones donde aparece la versión curada de cada quien.

La sociabilidad en red y el narcisismo

Hasta hace poco, apropiarse de una idea exigía algún contacto con ella: leer, escuchar, conversar. La inteligencia artificial y la interacción virtual están cambiando eso. Ya no hace falta leer o aprender de tal o cual. Basta pedir cinco ideas interesantes para una cena o un post, tres argumentos y una anécdota que permitan parecer familiarizado con autores e ideas por lo demás desconocidos.

La aristocracia incorporaba al intelectual a su salón y con él la tensión de acomodarse a ideas desconocidas. Hoy no hay tensión alguna, un prompt sonso, quizá un ‘copy paste’ que mañana será automatización. Siempre dentro del silo de contenidos, grupos e ideas que los algoritmos refuerzan: uno entre iguales.

La sociabilidad en red ha construido un salón perfecto para el narcisista: contiene casi todo el conocimiento humano, pero permite evitar el encuentro con alguien que piense o sea distinto, sepa más y, sobre todo, obligue a empatizar y a aprender.

tracking