envejecimiento
Adultos mayores en Ecuador: así cambia la vejez según los ingresos, la salud y el apoyo familiar
Testimonios de personas que tienen una buena pensión, tras jubilarse; otras todavía son el soporte de hijos, ante la precarización laboral

Marianita de Medina, de 84 años, acude de martes a jueves, desde las 07:00 hasta las 08:00, al Parque Inglés, en Quito, para practicar taichí, yoga, aeróbicos y zumba.
Lo que debes saber:
- Adultos mayores en Ecuador: 1,5 millones enfrentan realidades distintas al llegar a los 65 años.
- Así viven los adultos mayores en Ecuador: pensiones, salud, vivienda y apoyo familiar.
- Una defensora de derechos de esta población habla de las diferencia entre quienes están solos, sin jubilación y otro sector que recibe una pensión, tiene ahorros, una red de apoyo, etc.
En Ecuador, la experiencia de envejecer está condicionada por factores como tener una pensión jubilar, contar con una red de apoyo familiar, ser autónomo y acceder a servicios de salud y vivienda. Así lo explica Sonia Andrade Tafur, defensora de los derechos de las personas mayores.
Una mañana en el Parque Inglés, al norte de Quito, permite observar algunas de las distintas formas de vivir la vejez en Ecuador. El 9% de la población tiene 65 años o más.
En uno de los espacios del parque, un grupo de mujeres de distintas edades y condiciones participa en una jornada de zumba dirigida por el profesor Alexis González.
Entre ellas está Marianita de Medina, de 84 años, quien vive en el sector de Andalucía y acude al grupo de martes a viernes. Es enfermera jubilada. Trabajó en el Hospital Carlos Andrade Marín. Tiene cuatro hijos y siete nietos. Los lunes no asiste al parque porque es ministra de la eucaristía y ayuda a llevar la comunión a personas enfermas.
En el mismo grupo está Alba Mosquera, de 75 años, también residente en Andalucía; madre de dos hijos de 52 y 53 años y abuela de cuatro nietos. Lleva 11 años participando en las actividades físicas del parque, aunque comenzó a ejercitarse allí hace dos décadas. Es guayaquileña y llegó a Quito hace 20 años. Tuvo un restaurante.
Nunca se afilió al IESS. Le molestan sus várices, una dolencia que se relaciona con los años que trabajó de pie; se atiende con un médico particular. Dice sentirse satisfecha con su vida y valora especialmente el tiempo que ahora puede dedicar a sí misma.

Actividades como clases de zumba o taichí, como las que brinda Alexis González, ayudan al bienestar de adultos mayores, en Quito.
No es la única. Gina Villacís, quien cumplirá 60 años en este mes, dice: "El grupo me quitó el miedo a seguir avanzando en edad. Me gusta ver que todas se mantienen con salud, vigorosas; todas se amarran los cordones solas". Con el profesor Alexis practican taichí, yoga, aeróbicos y zumba.
Adultos mayores deben contribuir para sostener gastos familiares
A pocos metros, Teresa Mora, de 67 años, espera a que su nieto suba al transporte escolar. Vive con él y con su hija. Con su pensión, de algo más de 300 dólares al mes, contribuye a sostener los gastos de la familia. Reúna el dinero para cubrir el pago de una vivienda que todavía está hipotecada.
Mora no ha podido acudir a la oftalmóloga porque el dinero no alcanza y tampoco ha conseguido una cita en el IESS.
El contraste entre estas historias muestra que llegar a los 65 años no representa lo mismo para todas las personas. Para algunas, supone disponer de tiempo después de décadas de trabajo; para otras, el ingreso mensual apenas alcanza para cubrir sus propias necesidades y, al mismo tiempo, contribuir a la economía familiar.
De los 1,5 millones de adultos mayores que hay en Ecuador, 803.392 son pensionistas.
Política
Augusto De la Torre: "El sistema de pensiones del IESS genera la grieta"
Richard Josue Jimenez Mora
Andrade recuerda que las pensiones también cumplen una función dentro de los hogares. Incluso cuando los hijos ya están en edad productiva, señala, el ingreso de los jubilados contribuye a cubrir los gastos de hijos y nietos.
Este aporte, apunta, permanece poco visible y debería considerarse en el diseño de políticas públicas. La precarización del empleo formal y las dificultades que enfrentan los jóvenes para acceder a ingresos suficientes pueden aumentar la dependencia económica dentro de las familias, sostiene.
"Mi jubilación e permite vivir con dignidad y tranquilidad"
Cecilia Suárez, de 66 años, es una de las personas que sí cuenta con una jubilación. Desde 2021 disfruta de una nueva etapa que, según cuenta, le ha permitido dedicar más tiempo a la lectura, a la música, a su familia ya viajar.

Cecilia Suárez, profesora emérita de la Universidad de Cuenca.
Trabajó durante 42 años en la Universidad de Cuenca, donde llegó a ser decana de la Facultad de Artes. También fue directora de Cultura del Municipio de Cuenca.
“Le dediqué toda mi vida a la docencia, investigación y servicio público”, cuenta. Para ella, jubilarse no fue una experiencia difícil, sino una transición esperada.
"Jubilarse no fue difícil, todo lo contrario, fue muy placentero, tengo tiempo para mí, para mi familia. Como que se cumplieron mis metas y tenía que venir esta otra etapa", relata.
Tiene tres hijos y tres nietos, de 10, 7 años y dos meses.
Su jubilación, explica, le permite vivir con tranquilidad y cubrir sus necesidades.
"Yo diría que tengo una comodidad, una tranquilidad que me ofrece una vida digna. No poseo riquezas ni capitales, mucho menos, pero el tiempo para mí es la mayor recompensa que tengo", afirma.
Ha viajado y conocido lugares que antes no había podido visitar, entre ellos Nueva York y las Islas Galápagos. Se siente agradecida por esas experiencias.
Sin embargo, reconoce que su situación no representa la realidad de la mayoría de las personas mayores en Ecuador.
“Desafortunadamente, pertenezco a un porcentaje pequeñito que tiene el privilegio de disponer de una jubilación”, dice.
Buenavida
La esperanza de vida mundial vuelve a acercarse a los niveles de antes del covid-19, según la OMS
Nadia Larco Bravo
No tener pensión ni ahorros
Sonia Andrade, defensora de derechos de personas mayores, coincide en que la vejez en Ecuador está atravesada por profundas diferencias económicas y sociales. La precarización del trabajo formal, señala, deja a un número importante de personas sin una pensión para afrontar esta etapa de la vida.
“Vivir la vejez es absolutamente desigual: unos tienen jubilación, vivienda propia y apoyo familiar; otros están sin pensión, sin ahorros”, sostiene.
Las historias de quienes se reúnen en un parque de Quito muestran esa diferencia. Para algunos, la vejez puede significar tiempo libre, actividad física, viajes y una mayor autonomía. Para otros, la pensión -cuando existe- ayuda a cubrir las necesidades de hijos y nietos.