Cultura

´Ataúd en llamas', testimonios sobre el horror

Veintidós escritores, poetas y periodistas participan en este libro que recoge los peores meses de la pandemia en el Puerto Principal.

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Largas filas para adquirir víveres y medicamentos fueron una constante durante los primeros meses de la pandemia.Archivo

“La calamidad en Guayaquil es innombrable: el cielo cubierto de aves carroñeras, los barrios llenos de insepultos, las farmacias desabastecidas, los precios desorbitados. Eso en la ciudad.

Pero hacia adentro, en los hogares, la calamidad es hecatombe; por ejemplo, Juan, mi querido amigo Juan, poeta, ciego, líder, tiene «en el cuarto de atrás» al cuerpo de su madre, Angery, desde hace tres días, cubierta de hielo y con dos ventiladores a toda potencia para intentar paliar la putrefacción, esperando, esperando; hoy me dijo: «nicho ya tenemos y por fin conseguimos todos los documentos, pero ya no hay ataúdes, ya no hay ataúdes». Mañana podrá enterrarla. Un ebanista venezolano rompió el sofá de su casa y con él construirá una caja donde mi amigo Juan podrá enterrar a su madre”.

Es marzo. A Guayaquil ha llegado el virus que ya arrasa con Asia y Europa. Hay muertos en las calles, que permanecen insepultos por que no hay quién los recoja. No quedan camas ni tanques de oxigeno en los hospitales. Tampoco hay medicinas y en las redes sociales circulan números donde te venden una píldora de Azitromicina en $ 20.

En las calles reina el silencio. Solo lo interrumpe las aterradoras sirenas de las ambulancias. La ciudad no se incendia, la ciudad se consume. ¿Cuántos muertos son? Nadie lo sabe, pero los diarios revelan que las cifras oficiales no coinciden con las actas de defunción que lleva el Registro Civil.

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Recordando a Rodrigo Pesántez Rodas

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Lo único certero es el miedo. En medio del caos, dos preguntas brotan de la mano de la escritora y periodista quiteña Gabriela Ruiz: “¿cómo estás? ¿cómo está tu familia?”.

Las respuestas a esos mensajes, transformados en correspondencia, dan vida a 'Ataúd en llamas', obra coeditada por la editorial Mecánica Giratoria y la Universidad de las Artes, que recoge los meses más críticos de la pandemia de coronavirus en el Puerto Principal.

La obra arranca con los datos, la recopilación periodística de Ruiz, en la que analiza las cifras y la cronología de la emergencia sanitaria. “Leí una publicación de la escritora María Cecilia Velasco, en la que rogaba por que dejaran de pasar las ambulancias. Eso resonó en mí, porque Guayaquil es una ciudad de muchos afectos. Le escribí a mis amigos, y las respuestas que empezaron a llegar eran muy fuertes. Ahí nació la idea de unir la reportería sobre la pandemia con este rostro más humano”, narró Ruiz.

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Los fallecidos en las calles, por demoras en la recolección de cadáveres, marcaron uno de los episodios más oscuros de la pandemia.Archivo

Veintidós escritores, poetas y periodistas participan en esta obra, entre ellos Christian Avecillas, autor del fragmento al inicio de este texto, quien contó a los largo de dos páginas, lo que sucedía en su barrio.

Para otros, como Laura Nivela, la enfermedad se vivió en carne propia y con ella el miedo de morir y de ver morir a sus seres queridos.

 “Si muero habré tomado galones de suero oral por gusto. Si muero no habrá cuerpo que resista más el sol, ni que vea las sonrisas de las conversaciones ajenas, ni que sueñe con objetos rojos o escaleras en medio de la selva, ni que vea las calles inundadas después de la lluvia o que llore al amanecer desde un techo. No habrá manos para jugar y ver al despertar. Ni pies que estudiar cada vez que vea hacia abajo. Cuando esté muerta no veré nada, solo tendré un ligero dolor de cabeza donde recibí un golpe o donde pedí un beso, donde alguna vez tuve memoria, donde alguna vez pasó la mano mi madre”, relata.

Con el terror se mezcla la rabia y la impotencia del mal manejo de la crisis, de la entrega de ataúdes de cartón, del negocio que surgió alrededor de los cadáveres y la indolencia del Estado. El escritor César Eduardo Galarza recuerda que en el hospital IESS le pidieron a su familia $600 por devolverle el cuerpo de su tío. La periodista Jéssica Zambrano narra la terrible muerte de uno de sus compañeros de trabajo, sumado al robo de sus pertenencias y cuentas bancarias al interior de la casa de salud.

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La obra, coeditada por la Universidad de las Artes y Mecánica Giratoria, es gratuita.Cortesía

También participan Steph Apolo, Francisco Santana, Juan Carlos Cucalón, Siomara España, Solange Rodríguez, Carlos Luis Ortiz, Amanda Pazmiño, Luis Carlos Mussó, Nicolás Esparza, Marcela Noriega, Alice Goy-Billaud, María Paulina Briones, Clara Medina, Tatiana Landín, Diego Zaldumbide, Andrés Emilio León, María Cecilia Velasco y Gustavo Calderón. La obra cuenta con un prólogo de Mónica Ojeda.

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Francisco Santana: “Guayaquil es esa ciudad indolente donde los políticos hablaban de la Aerovía mientras la gente se moría en la calle”

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¿Se trata de un ejercicio de la memoria en una ciudad que recupera aceleradamente su brío comercial? Ruiz dice que no. “El mundo esta queriendo reaccionar, pero aun no hay una vacuna, ni se ha identificado todas las cepas del virus. La pandemia sigue, lo que se narra en este libro continúa, no se ha acabado. Este reaccionar es uno basado en la esperanza, no en la realidad”, subrayó.

La obra puede descargarse de manera gratuita, y reproducirse citando a los autores originales, entre ellos Vicente Gaibor, quien tomó las fotografías que acompañan al libro, y Jaime Hidalgo, quien diseñó la portada. Por ahora, no hay planes para una impresión física de la obra. Su distribución seguirá de manera digital.