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Diario Expreso Ecuador

EXTRADICIÓN

Extradición de cabecillas del crimen organizado: el nuevo frente de seguridad de Ecuador

 Expertos en seguridad advierten que el impacto de la extradición puede ser temporal y reconfigurar la violencia en el país

Alias Topo, requerido por la justicia de Estados Unidos por presuntos vínculos con el crimen organizado transnacional.

Alias Topo, requerido por la justicia de Estados Unidos por presuntos vínculos con el crimen organizado transnacional.Cortesía

Gabriela Alejandra Echeverria Vásquez

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Lo que debes saber

  • Ecuador intensifica la persecución internacional de cabecillas del crimen organizado con extradiciones y cooperación global.
  • La captura de líderes genera reacomodos, disputas internas y nuevas olas de violencia en varias provincias.
  • El desafío ahora es frenar economías criminales transnacionales que sobreviven incluso sin sus jefes.

La ofensiva del Estado ecuatoriano contra el crimen organizado ha cruzado una frontera poco explorada hasta ahora: perseguir a los líderes de las bandas más violentas incluso cuando operan fuera del país. La posibilidad de extraditar o judicializar a estos cabecillas en cooperación con otros Estados se ha convertido en una nueva pieza dentro de la estrategia de seguridad impulsada por el Gobierno de Daniel Noboa.

Los últimos acontecimientos ponen el foco en procesos orientados a alcanzar a mandos criminales ligados a organizaciones como Los Lobos y Los Tiguerones, algunos de ellos ubicados o detenidos en España, México y Colombia. Nombres como alias Pipo, alias Lobo Menor o alias Negro Willy aparecen como figuras claves dentro de estructuras que operan de forma transnacional.

Extradición y persecución internacional del crimen organizado

La Corte Nacional de Justicia (CNJ) concedió la extradición de Darío Javier Peñafiel Nieto, alias Topo, ciudadano ecuatoriano requerido por la justicia de Estados Unidos. La resolución fue adoptada por la Presidencia de la CNJ, tras verificar el cumplimiento de los requisitos legales y de recibir las garantías diplomáticas del Estado requirente. Alias Topo es solicitado por el Tribunal del Distrito Este de Nueva York, que lo investiga por delitos relacionados con el crimen organizado transnacional.

La imagen de un cabecilla esposado y rodeado por fuerzas de seguridad suele presentarse como una victoria contundente del Estado frente al crimen organizado. Las autoridades celebran y la ciudadanía respira con alivio. Pero detrás de esa escena, ¿qué ocurre realmente en las entrañas de las organizaciones criminales? ¿Se desmoronan o se adaptan? Durante décadas, los gobiernos han apostado por la captura de cabecillas como eje de sus políticas de seguridad. La lógica parece simple: sin cabeza, el cuerpo no funciona. Pero la realidad es más compleja.

La salida de estos cabecillas del país (voluntaria o forzada) no significa su desconexión del negocio ilícito. Al contrario, el control sobre economías criminales como el narcotráfico, extorsión o tráfico de armas se adaptó a esquemas transnacionales, con mandos que operan desde otros Estados y aprovechan vacíos legales o administrativos.

En ese contexto, llevar la persecución penal más allá de las fronteras supone un giro estratégico. Ya no se trata solo de desarticular células locales, sino de interrumpir el mando superior donde hoy se refugia o se reorganiza. Wilson Goyes, coronel en servicio pasivo del Ejército, coincide en que los efectos son temporales.

Captura de líderes criminales: impactos y riesgos de violencia

“La captura de estos líderes interrumpe la cadena de mando y genera desorganización momentánea. Pero también puede provocar luchas internas por el control, lo que aumenta la violencia y genera nuevos problemas de seguridad”, aclara.

El caso de Joaquín el ‘Chapo’ Guzmán es ilustrativo: tras su captura definitiva en 2016, el Cártel de Sinaloa se reconfiguró y surgieron nuevas figuras como los Chapitos. Pese a los operativos, varias zonas del país siguen bajo influencia de bandas delictivas.

En Esmeraldas, el puerto y los barrios periféricos son disputados por Los Tiguerones y Los Lobos. En Guayas, Durán y sectores de Guayaquil continúan siendo focos de extorsión, microtráfico y sicariato.

Economías criminales y expansión territorial en Ecuador

Asimismo, en Manabí, urbes como Manta y Portoviejo han registrado enfrentamientos armados incluso en zonas céntricas. La minería ilegal en Imbabura, vinculada a Los Lobos, también ha sido señalada como fuente de financiamiento criminal.

Según informes de inteligencia, estas economías permiten a las bandas mantener su operatividad incluso tras la captura de sus líderes. “Hay un enfrentamiento entre los que quieren quedarse al frente, porque tiene que haber una demostración de fuerza. No hay consenso sobre quién debe ocupar el puesto de estos cabecillas. Lo que realmente les preocupa es quién va a responderle al cártel”, analiza Marcelo Flores, coronel retirado y experto en inteligencia y defensa.

La efectividad de la captura de líderes depende, en gran medida, del tipo de organización. “La violencia criminal en cualquier país del mundo tiene una geometría variable; es decir, cambia, se desplaza, presenta flujos. Hay zonas y poblados donde la tasa de homicidios puede ser muy baja, pero aun así existe presencia de economías criminales”, alerta Goyes.

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