Ojalá Perú aprenda esta vez
Keiko Fujimori asume en Perú con la promesa de no aferrarse al poder y la esperanza de los peruanos de que lo cumplirá, sin ceder al hechizo del poder

La presidenta de Perú, Keiko Fujimori, dijo en su posesión que gobernará sólo cinco años. En principio parece una obviedad, una minucia. Pero hay tantos farsantes que ofrecieron no aferrarse al poder.
Los humanos no venimos a este mundo a aprender: apenas logramos experimentar, pues cuando queremos sacar provecho de la experiencia, suele ser tarde. La vida es un soplo. En cambio, los pueblos -esa sucesión de vidas, esa cadena que crece y se prolonga- sí están destinados a aprender, pues poseen lo que hace de la experiencia un aprendizaje: la memoria.
La memoria es la clave. Hay pueblos que la usan y la aprovechan para crecer: Islandia, Corea del Sur, Nueva Zelanda, Chile, Noruega… Hay otros que aprendemos poco porque nos resistimos a ver lo que hicimos mal o nos da pereza y cobardía modificarlo. Por eso nos gustan tanto los mesías redentores, los cuenteros de Muisne, seductores, a los que entregamos todo el poder para que nos ‘den haciendo’ por completo la tarea. Ecuador es uno de ellos; Perú también, y sin embargo…
La prueba de fuego para Keiko y la democracia
La nueva presidenta de Perú, Keiko Fujimori, dijo en su posesión que gobernará sólo cinco años. En principio parece una obviedad, una minucia. Pero hay tantos farsantes que ofrecieron no aferrarse al poder (Hugo Chávez y Nayib Bukele, por citar a dos ideológicamente lejanos y éticamente parecidos) que el pueblo peruano tiene la obligación de dudar.
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No es menor la promesa de Keiko, y si la cumple, dejaría una herencia magnífica. Mejor aún si lo hace luego de liderar un gran gobierno. Me explico: no hay modo de mejorar si hacemos lo mismo que antes, o algo parecido. Aprender de errores es raspar, extirpar, limpiar, coser. A veces, demoler. Si Perú ha tenido ¡nueve presidentes en diez años! es en parte por el colosal error de Alberto Fujimori al querer perennizarse en el poder. Para sanar de ese tajo, Perú necesita demoler. RE-construir sin fisuras la confianza en los valores que son la esencia de un buen gobierno: compromiso, honradez, transparencia, eficacia. Lealtad.
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Ojalá, Keiko re-construya la confianza social honrando su palabra, sin ceder ante el hechizo del poder y su enjambre de chupamedias. Y cuando termine su mandato, que se vaya a su casa, por exitosa que fuere su gestión. Porque si no lo hace, Perú seguirá siendo un país fallido, sin futuro. Como todos los que no tienen memoria.