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Diario Expreso Ecuador

Efecto Baader-Meinhof

Un informe de Contraloría registra que un tercio de los alcaldes y prefectos tienen saltos patrimoniales en apenas un año de gestión, que no logran justificar

Un informe de la Contraloría General del Estado expone irregularidades en los GAD de Ecuador.

Un informe de la Contraloría General del Estado expone irregularidades en los GAD de Ecuador.Archivo Expreso

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Una vez leí sobre el efecto Baader-Meinhof o ilusión de frecuencia: ese momento en que algo que tu cerebro no registraba empieza, de pronto, a aparecer en todas partes. No es que la frecuencia cambió, lo que cambió fue tu atención.

Algo parecido está ocurriendo con los gobiernos seccionales . Durante años, cuando hablábamos de corrupción, la mirada iba casi siempre hacia Carondelet. Los GAD quedaban, por lo general, en un punto ciego colectivo. Y entonces llegó el pulso entre el Gobierno central y esos GAD por las seccionales o por el nuevo esquema del 70/30, y de repente empezamos a ver todo mal y que un solo informe de Contraloría registraba que un tercio de los alcaldes y prefectos tienen saltos patrimoniales que no logran justificar. Fortunas que se triplican en apenas un año de gestión.

Demostrar probidad y actuar con transparencia

Aquí es donde me niego a intentar resolver con maniqueísmo nuestro dilema . No hay que elegir entre ‘esto es persecución política’-cliché tan manoseado por quienes abusaron de la democracia para enriquecerse- y, en el otro extremo, ‘todos estos son corruptos’, porque las dos cosas pueden ser ciertas .

La sábana se movió por cálculo electoral, pero lo que salió de abajo tal vez no se lo inventó nadie. La justicia dirá, pero algo no cuadra en muchos gobiernos seccionales.

Nueva York tuvo su Tammany Hall, la maquinaria que convirtió el ayuntamiento en una empresa familiar de contratos y favores, hasta que un caricaturista, Thomas Nast, la hizo tan visible que se volvió insostenible (salud, de paso, por los caricaturistas de nuestros medios).

La corrupción cae cuando alguien prende la luz. Y la basura se hace visible. Nast, por cierto, terminó sus días en Guayaquil: nombrado cónsul por Roosevelt, en 1902. El hombre que le dibujó la ruina a Tammany Hall descansa eternamente a pocas cuadras de nuestro propio Municipio.

En medio de esta crisis, demostrar probidad es el mejor aporte a la democracia; no lo es el sostener el cartel de la persecución política y escudar lo injusto bajo el velo de una causa tan justa como es la defensa de la libertad de elegir y ser elegido.

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