
Una enredadera de venta libre en Ecuador es una bomba ecológica sin freno
Científicos revelan que la planta exótica Thunbergia ahoga zonas verdes de Guayas y el Gobierno omite su control
Una investigación de la Universidad Espíritu Santo (UEES) determinó que la siembra y venta libre de la enredadera asiática Thunbergia grandiflora asfixia la flora endémica de Guayaquil, lo que expone el fallido control municipal en espacios públicos y la inacción regulatoria del Ministerio de Ambiente.

Un peligro que se ve hermoso
No hay riesgo más peligroso que aquel del que no se habla o, peor aún, se camufla como algo atractivo. Eso pasa en algunos viveros y espacios públicos locales, donde una flor vistosa invade la vista, pero también el ecosistema. En la transitada calle Panamá, en el corazón de Guayaquil, una enredadera de flores violetas en forma de trompeta cuelga como un telón de fondo perfecto. Los transeúntes se detienen a tomarse fotos; los abejorros revolotean, adictos a su néctar. Algunos peatones critican que un extremo de la planta luce seco y descuidado.

Sin embargo, al ser consultados por EXPRESO y señalarles la flor, la totalidad de ellos desconoce una verdad incómoda: esa belleza botánica no es endémica; es, de hecho, potencialmente una plaga.
Se trata de la especie asiática Thunbergia grandiflora, cuyo agresivo impacto acaba de ser documentado en una investigación científica financiada por la Universidad Espíritu Santo (UEES), que expone cómo el paisajismo irresponsable está sembrando una bomba ecológica.
El daño que produce la enredadera
La ingeniera en biodiversidad y recursos genéticos Ana Reyes Hernández, autora principal del paper, recorrió el país rastreando el avance de estas especies. Explica que, a nivel local, el problema se hizo más popular por la africana Thunbergia alata (la famosa ‘Susanita’, que es naranja), pero el peligro de las variantes asiáticas es igual de crítico.
La gente se confunde por su belleza. “Muchas personas las confunden con orquídeas nativas y, al notar que las aves, mariposas y otros insectos interactúan con ellas, asumen, de forma equivocada, que es bueno tenerlas. Es difícil hacerle entender a los ciudadanos que son verdaderamente perjudiciales para la naturaleza”, comenta la experta durante un recorrido con este Diario.

El diagnóstico tampoco es piadoso: estas enredaderas bloquean la luz solar, forman alfombras densas sobre la flora nativa y generan tanto peso que terminan tumbando árboles maduros. El documento detalla que, en otros países como Australia, la agresiva grandiflora es capaz de invadir hasta 0,6 hectáreas de bosque por año.

Proliferación invasiva
A través de un documento oficial enviado a EXPRESO, la empresa pública Parques EP del Municipio de Guayaquil justificó que la presencia de la asiática Thunbergia en corredores como la calle Panamá “responde a su uso histórico en paisajismo urbano”.
Irónicamente, el Cabildo reconoce su “potencial comportamiento invasivo” e indica que ya no la incluyen en nuevos diseños, asegurando que en la calle Panamá la mantienen controlada con podas estrictas.
Pero deshacerse de ellas es una pesadilla. En el mismo documento, el Municipio asegura categóricamente que, en el Parque Samanes, “los individuos de esta especie ya han sido retirados”.
No obstante, al visitar la zona, este Diario y la ingeniera Reyes constataron lo contrario: la planta ya estaba brotando de nuevo, demostrando su terca resiliencia tras ser podada. “Una pequeña ramita que sobreviva es suficiente”, detalla la experta

La propagación de la plaga tiene dos grandes cómplices en la ciudad: la venta libre en viveros, donde se comercializan sin advertencias -en algunos casos, por desconocimiento-, y la mala disposición de la basura verde. Cuando un jardinero poda esta enredadera y arroja los restos a un lote baldío o botadero, los fragmentos echan raíces rápidamente, creando un foco de invasión. Los autores de la investigación concluyen que este efecto obliga a repasar los métodos de disposición de residuos botánicos.
Falta de regulación en Ecuador
Los más apasionados por el paisajismo reconocen que el conocimiento es de unos pocos. Fernanda Reyes, una ciudadana que ha atestiguado este avance silencioso, relata su asombro: “Me tocó ver en Quito, bajando por Guápulo, una sábana que arropa todo el bosque. Dices ‘uy, qué lindo, puras flores’, pero ahoga a las otras especies. Aquí, en Guayaquil, hay gente que deja que se formen como enredaderas en sus techos y pérgolas sin saber el daño. Si no se ponen restricciones o normativas, llegará un momento en que esto será incontrolable”, advierte.
En Guayas, el avance agresivo de esta especie fue documentado de forma preocupante en el límite con la cordillera de Azuay.
Julián Pérez Correa, docente investigador de la ESPOL, aplaude esta investigación y respalda la gravedad del problema, sumando la advertencia del temido ‘efecto dominó’ que traen consigo las especies exóticas. “Las plantas introducidas también ayudan a propagar enfermedades. Ya vimos lo que pasó con el pulgón hace unos años en Guayaquil, y eso podría repetirse. Además, en estas plantas suelen venir adheridas otras especies de fauna; por ejemplo, la lagartija invasora Anolis sagrei, que llegó en palmeras importadas desde el Caribe y hoy compite por territorio con nuestras lagartijas nativas”.
Pérez Correa es enfático al señalar que la academia tiene plenamente identificadas a las especies invasoras. Sin embargo, el Estado mira hacia otro lado. Tal como advierte la investigación, Ecuador carece de una ‘lista negra’ oficial que regule o prohíba la venta de estas ornamentales peligrosas.
El 90% de los registros de estas plantas invasivas son gracias a publicaciones ciudadanas, de aficionados a la biología y la botánica, a través de la app iNaturalist.
El MInisterio de Ambiente no quiso conversar con EXPRESO
El Ministerio de Ambiente conserva el hermetismo. Durante un reciente evento público, EXPRESO intentó abordar el tema con la viceministra de Ambiente, Alicia Jaramillo, pero la funcionaria se negó a conversar. Esta evasiva no es un hecho aislado: desde hace meses, el Ministerio no responde a las constantes solicitudes de información de este Diario.
Aun así, mientras el Estado calla, la maleza trepa. Ana Reyes insiste en que la ciudadanía debe tomar conciencia a la hora de decorar sus balcones, optando por especies locales como la veranera (Buganvilla peruviana) o enredaderas nativas como la Prestonia mollis. Para comprobar que se eligió correctamente, basta una simple búsqueda en internet o una consulta con imagen a una inteligencia artificial. Porque, a fin de cuentas, dejarse seducir por una flor exótica que se vende libremente en la esquina puede terminar asfixiando el oxígeno que todos respiramos.

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