CITAS DESAGRADABLES, (10637251)
Citas. Algunas son agradables, pero hay otras que llegan a ser poco placenteras para uno de los involucrados.Miguel Canales Leon

Las excentricidades de las citas en línea

Usuarios de sitios como Tinder hallan el amor, pero también suelen pasar por situaciones incómodas Cuentan sus testimonios

Las citas en línea no son nada nuevo, pero es una modalidad relativamente nueva para conocerse y hallar, en la medida de lo posible, a la ‘media naranja’. Sin embargo y aunque son varias las historias de amor que han traspasado fronteras y han logrado un final feliz, hay también experiencias que terminan siendo incómodas, lo que motiva a los usuarios a ser más selectivos e incluso cerrar las aplicaciones.

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“Muchos de los chicos que me escriben, lo hacen con otras intenciones, más no solo para conocerme... Me han tocado personas vulgares y parece que solo piensan en sexo”, relata María Cristina Cáceres, una guayaquileña que usó por tres meses las aplicaciones de citas Tinder y Bumble, pero de las que no obtuvo el resultado deseado.

MedidasDesde 2021, Tinder cuenta con la función: “¿Estás seguro?” para disminuir cualquier tipo de acoso o molestia en la app.

Cáceres había escuchado de historias de éxito, pero no fue su caso. Se hartó, cuenta a este Diario, de solo encontrar hombres que la hacían sentir hipersexualizada. “No me asusté, entiendo que en el mundo virtual pasa lo mismo que en la calle. Pero no quería ver a través de una pantalla lo mismo”, relata.

Sin embargo, cuando las citas logran trasladarse del mundo virtual al físico es cuando, en ocasiones, estas suelen tornarse complicadas. Ya sea por las excentricidades en la actitud de la ‘cita’ o porque ellas muestran sus ‘verdaderos colores’.

“Salí solo una vez con este chico, pero fue de las peores experiencias que he tenido en mi vida. Apenas nos vimos no solo que quiso propasarse, sino que desde un inicio fue distinto a como hablábamos por el chat, donde él iniciaba la conversación y se lo notaba amable, respetuoso. Pero bastó que lo vea en persona, para ignorar lo que decía y darle sobre todo un doble sentido a cada una de mis palabras, insinuando en repetidas ocasiones que nos acostemos. No dejé que haga más de tres “chistes” y lo dejé en medio del malecón”, relata la guayaquileña Viviana Sánchez.

Dejé de usar Tinder hace años porque la mayoría de mensajes que veía eran obscenos. Se me hacía incómodo abrir la aplicación. Como mi caso supe de otros más.

Alba Toledo, ciudadana

Así como Sánchez, otros jóvenes que contaron sus testimonios a EXPRESO, dan fe de que han tenido citas un tanto “raras”.

Es el caso de Sebastián Orellana, quien usaba Tinder para hacer crecer su grupo de amigos o tener una relación, como algunos de sus amigos y conocidos lo lograron. “Yo usaba esa app netamente para conocer personas, no intenté jamás ser un patán. He conocido mucha gente, pero una experiencia que sí fue horrible fue cuando, hace dos años, en una cita con una chica con la que llevaba cinco meses hablando, terminé, lo juro, hasta llorando”, recuerda.

Orellana asegura que salió dos veces. La primera salida fue espectacular, pero la segunda y última se sintió de lo peor.

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“La había invitado a comer a La Puntilla, a un lugar algo carito, lindo; y por hacerle una broma inocente, le conté que mi hermana decía que yo estaba más enamorada que ella de mí, por el esfuerzo y detalles que tenía para conquistarla. Su cara cambió completamente, se enojó, me reclamó, me gritó en plena plaza comercial. Me dijo cosas horribles, pera tan feas y absurdas que me hizo llorar. Fue como que hubiese cometido un crimen. Solo le faltó pegarme”, evoca ahora entre risas Orellana, que califica el momento como el peor a la hora de pretender a alguien.

Hablar en estos sitios es exponerse a ser acosada u objeto de algún depredador sexual. Tengo amigos en esos sitios, hay de todo en realidad. A veces tienes suerte y otras veces no.

Vivian Vives, ciudadana

A Analía Cruz, quien habita en Los Ceibos, en cambio, al momento de conocer al que creía sería su novio, le pidieron dinero. Sí, plata. “No sé si creía que era prestamista o qué, pero luego de comer en un lugar público, por seguridad, me salió con que le preste $ 400. Primero me dijo que tenía a su abuela enferma. Luego, de tanto preguntar, me dijo que era para un Play Station. Fue un caradura. Ahora me río, pero lo quise ahorcar... Ahora prefiero salir solo con gente que conozco en mi entorno. Así, si me piden plata, al menos sé primero si tiene verdaderamente una abuela”, confiesa a carcajadas.

Santiago Romero, de 23 años, dice haber mantenido casi un año las aplicaciones instaladas en su celular. “Había pasado por un desamor y quise encontrar novia, pero todo me salió de cabeza. Como puse una foto ejercitándome en el gym, salí con alguien que luego me quiso contratar como stripper. Juro que soy tímido (ríe). Solo pensé que me veía ahí bien, pero entendí que di el mensaje equivocado. Cerré la app. Quizá, si seguía me veían como antifaz en las fiestas de solteras”, reconoce también entre risas.

No obstante, como ha sido público en el mundo, son muchas las relaciones y matrimonios que incluso salen a raíz de redes como Tinder.

Alba Toledo, por ejemplo, halló al que califica como “el amor de su vida” en Tinder. Y Daniela Argüello, quien entró una única vez, asimismo, encontró a su media naranja, un joven médico que vivía en Quito y ahora está radicado en Guayaquil. “Solo entré un día por curiosidad a la aplicación e hicimos ‘match’. Salimos una primera vez, él vino a Guayaquil. Y luego cada dos fines de semana nos visitábamos. Así pasamos ocho meses. Ahora él está aquí, vivimos juntos, estamos comprometidos y adoptamos un perro. No puedo pedir más. Llevamos ya dos años y medio. Y es que en estos espacios a veces sí puede que algunos lo pasen mal; pero Cupido también está allí. Así que vale la pena intentarlo”, señaló.