Afectaciones del toque de queda: En el mercado Caraguay hay caída de precios y pérdidas
El cambio de horario por el toque de queda eliminó parte de la actividad nocturna de este centro de abastos. Productos como el camarón se rematan

Personal del Municipio realizó la jornada de limpieza en el Mercado Caraguay.
El mercado Caraguay, en el sur de Guayaquil, enfrenta una caída en ventas y cambios en su dinámica tras el toque de queda impuesto en mayo. Comerciantes mayoristas y minoristas reportan sobreoferta, precios a la baja y menos clientes por la eliminación de la jornada nocturna.
Deportes
La clasificación del PSG desata un hecho histórico para Ecuador en Champions
Alejandro Bellolio
La cotidianidad de la Caraguay
El reloj marca las 09:00 en el mercado Caraguay. Alexander Beinez, comerciante minorista de pescado, mira su celular, cabizbajo. La clientela es escasa por los pasillos. El toque de queda impuesto por el Gobierno por 15 días en mayo ha modificado la rutina nocturna de este centro de abastos del barrio Cuba.
Ese mercado tiene una costumbre: vive de noche. Desde las ocho de la noche hasta las cuatro de la mañana del día siguiente, mayoristas y minoristas negocian pescado barato. Pero el toque de queda cambió las reglas. El nuevo horario obliga a trabajar de cinco y media de la mañana a diez de la noche. Para quienes vendían en la madrugada, el golpe a la economía es evidente.
Alexander Beinez lo sabe. Es minorista. Este lunes, los camarones que reposan en su mesa de metal ya no tienen el brillo del recién llegado. El hombre los mira de reojo, suspira, vuelve al teléfono. “Esto se ha vuelto complicado”, comenta resignado.
Un par de compradores pasan de largo. Él alza la voz apenas: “Estos toques de queda no están dando resultados. Estamos igual”. Luego explica, con la mano abierta sobre el producto, que el feriado reciente no dejó nada.

En el puesto de Rosa Espinoza, el camarón se enfría mientras las ventas no despegan.
Señala el camarón. “Este es el que se quedó del feriado. A la libra le he tenido que bajar setenta centavos. Bueno, esperemos que sean solo estos quince días, pero igual se hacen como un año”, lamenta.
El problema, agrega, es que los mayoristas ahora trabajan en el día. La oferta se duplicó. Y él, que vive al día, tiene que bajar precios para no perder todo.
Detrás de unas rejas entreabiertas, Rosa Espinoza arregla su negocio mayorista de camarones. Son casi las 09:30. Su horario, antes nocturno, ahora atiende de cuatro de la tarde a nueve de la noche. Un trabajador mueve cajas; ella atiende el teléfono con una libreta en la otra mano.
“Acá trabajaremos solo hasta las nueve o nueve y media, depende de la clientela”, dice. Y recuerda el toque de queda de marzo: “No se vende mucho, porque la gente sale apurada a sus casas”.
Justicia
Ecuador queda fuera de la nueva estrategia antidrogas de Estados Unidos: esto se sabe
Gabriela Alejandra Echeverria Vásquez
Enseña sus camarones helados. “Tengo que gastar en mantenerlos fríos. Si no se venden, eso se daña. Los colegas también se ven afectados. Esto afecta económicamente a todos”, manifiesta.
En el techo de zinc, garzas observan quietas. Algunos vendedores las miran atentos. Saben que aquellas aves ‘vecinas’ del puerto cercano, en cualquier descuido, se llevan algo de su mercadería al buche.
Son de las pocas ‘clientas’ que estos días aprovechan la mercadería que comienza a perderse.