Marcelo Aguirre: "Mi arte ha echado raíces en Quito"
La trayectoria del creador capitalino fue reconocido con el Premio Mariano Aguilera, uno de los principales galardones nacionales para artes plásticas

Marcelo Aguirre nació en Quito en 1956. Actualmente reside en Montpellier, Francia y divide su tiempo entre la ciudad francesa y Ecuador.
Un reconocimiento al trabajo sostenido
- Marcelo Aguirre recibió el Premio Mariano Aguilera a la Trayectoria Artística 2026, galardón que reconoce sus 47 años de trabajo como pintor, gestor cultural y docente.
- También se presentaron a los ganadores de las becas Nuevo Mariano Aguilera 2026, destinadas a proyectos de creación, investigación, pedagogía, edición y curaduría.
Tras 47 años de actividad artística, Marcelo Aguirre obtuvo el Premio Mariano Aguilera a la Trayectoria Artística 2026. El galardón, uno de los principales reconocimientos al arte contemporáneo en Ecuador, distingue una carrera desarrollada entre la pintura, la gestión cultural y la docencia, así como una sostenida participación en espacios nacionales e internacionales.
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Aguirre, nacido en Quito en 1956 y residente actualmente en Montpellier, Francia, recibió la noticia con entusiasmo. “Lo recibo con mucha alegría, con mucha gratitud y por supuesto es un gran honor recibir el premio a la trayectoria. Es un reconocimiento fantástico”, señaló tras conocerse el fallo.
El artista ha trabajado de manera independiente desde 1979. A lo largo de estas décadas ha participado en las bienales de La Habana, São Paulo y Cuenca, además de la feria ARCO de España. Entre los reconocimientos que ha recibido figuran el Premio Marco del Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey (1995), el Premio Salón de Julio de Guayaquil (1995) y el Premio Julio Le Parc de la Bienal de Cuenca (1989).
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Sin embargo, su vínculo con el arte comenzó mucho antes de que su obra llegara a galerías, museos y bienales. “Mi amor por el arte empezó en la infancia. Mi madre estaba muy cercana al arte, hizo estudios de dibujo. El arte estaba en la casa”, recordó.
Años más tarde, durante la adolescencia, encontró una referencia que marcaría su vocación: la lectura de una biografía de Vincent van Gogh. “Conocí su vida y me fascinó. Fue un detonante, un referente importante en ese momento”, contó sobre el artista neerlandés que despertó su interés por dedicar su vida a la creación.

Aunque la pintura atraviesa buena parte de su obra, también ha trabajado en grabado, escritura, instalación, performance, escenografía y proyectos vinculados al cine y al teatro.
Mucho más que pintura
A lo largo de los años, la producción de Aguirre ha transitado por distintos lenguajes. Aunque la pintura atraviesa buena parte de su obra, también ha trabajado en grabado, escritura, instalación, performance, escenografía y proyectos vinculados al cine y al teatro. “Me veo como un artista que tiene una mirada curiosa”, señaló.
Entre sus obras más conocidas figuran Hombre y perro (1988), con la que obtuvo el Premio Julio Le Parc; Raskólnikov (1989), inspirada en el personaje creado por Fiódor Dostoievski; Adán y Eva expulsados del Paraíso, según Masaccio (1994), ganadora del Salón de Julio; Transeúnte (1995), incorporada a la colección permanente del Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey; y proyectos como El Extra y Un arte a diario, en los que trabajó con imágenes y materiales tomados de medios de comunicación.
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Aunque la experimentación ha sido una constante en su trayectoria, Aguirre reconoce que la pintura continúa ocupando un lugar central en su proceso creativo. “La pintura sí ha sido una línea que ha atravesado toda mi producción. Y aunque lo que trabajo depende de la temática y del momento de vida que estoy atravesando, la pintura siempre ha estado así.”, explicó.
Su trayectoria también ha estado ligada a la formación artística y la gestión cultural. Fue uno de los fundadores del Colegio de Artes Contemporáneas de la Universidad San Francisco de Quito y coordinó durante más de una década a cargo de la galería Arte Actual de Flacso.
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La creación de este proyecto estuvo vinculada al contexto que atravesó el país tras el feriado bancario de finales de los años noventa. “Fue un golpe para las galerías. Muchas cerraron y quedaban una o dos en Quito”, recordó. En ese escenario propuso a Flacso desarrollar un espacio dedicado al arte contemporáneo. “Yo también sentía como artista que había necesidad de un espacio en la ciudad que fuera digno para el arte contemporáneo”.
Dos décadas después, considera que la iniciativa logró consolidarse dentro de la escena cultural ecuatoriana. “Va a cumplir 20 años de existencia y es un referente para el arte contemporáneo”, afirmó.
El Premio Mariano Aguilera contempla además la realización de una exposición antológica y la publicación de un catálogo sobre la obra del ganador. Para Aguirre, este reconocimiento abre también una nueva etapa de trabajo. “Son 47 años de haber estado en el arte. Encontrar un buen proyecto, un buen concepto curatorial, ese es el gran desafío”, dijo sobre la muestra que prepara junto al Centro de Arte Contemporáneo.

Aguirre reconoce que la pintura continúa ocupando un lugar central en su proceso creativo.
De la trayectoria a la creación joven
Además del reconocimiento a la trayectoria, la edición 2026 del Premio Mariano Aguilera entregó diez becas dentro del programa Nuevo Mariano Aguilera, orientado a impulsar proyectos de creación artística, investigación, prácticas curatoriales, pedagogías del arte y edición y publicación.
En la categoría de creación artística fueron seleccionados José Luis Macas Paredes, con Kamaritaki - ofrenda sonora: Kimsakocha y el quinto río; Mayro Romero, por Pude ver un fantasma desde mi ventana, una propuesta que explora memorias trans en la Costa ecuatoriana; Ilich Castillo, con MICROGRAMAS; y el Colectivo Bordar La Vida Comunera, por La gran historia de la ciudad de Quito, un proyecto desarrollado junto a mujeres de la comuna de Llano Grande.
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Las becas también reconocieron iniciativas en otras áreas. Tania Lombeida Miño obtuvo el apoyo para Archivo sin Centro. Mujeres, visualidades y ecosistemas feministas del arte en Ecuador y la diáspora; Jaime Javier Sánchez Santillán fue seleccionado con Estéticas Marronas, contravisualidades en el arte; y Paulina León Crespo junto con Andrea Lorena Salas Recalde fueron reconocidas en pedagogías del arte por los proyectos ESCUELA ABIERTA y UYARIKKUNA, respectivamente.
En prácticas curatoriales, las propuestas seleccionadas fueron Luz en la grieta. Mujeres, mestizaje y memoria, de Lucía Durán y Johanna Alarcón, y El método performacula: la poética de la monstruosidad para la reprogramación cultural, de MoTa Fajardo | PachaQueer.
Sobre esta última categoría, Fajardo cuenta que el proyecto surge de la experiencia acumulada en Performácula, un festival transfronterizo de política y performance que desde 2020 ha reunido a artistas de América Latina y el Caribe vinculados a las diversidades sexo-genéricas. “Para nosotras es importante pensar que esto puede generar un método. Un método curatorial”, explicó.
La propuesta plantea además una reflexión sobre la presencia de las disidencias en los espacios culturales e institucionales. “Sentimos que durante estos 13 años de PachaQueer hemos visto la posibilidad de cambiar la ofensiva, de cambiar esa estrategia para empezar a tomarnos los espacios institucionales”, afirmó.