MODA
El diablo viste a la moda 2 y su impacto en la moda, el estilo y la industria
El Diablo Viste a la Moda 2 rompe el mito de que la moda es superficial y recuerda que esta industria también habla de identidad y poder cultural

La película dejó un boom cultural después de su estreno y, poco a poco, vimos cómo algunas prendas que aparecían en pantalla, o diseños muy similares, comenzaron a llegar a las tiendas.
Lo que debes saber
- La segunda parte de la famosa saga demuestra que la moda va más allá de los looks: también habla de identidad, poder e industria.
- A 20 años de su primera entrega, el filme vuelve a conectar con una generación marcada por sus personajes, sus outfits y su forma de entender el estilo.
- Entre nostalgia, alfombras rojas y nuevas tendencias, la historia confirma que la moda no solo se luce: también comunica, influye y transforma.
Hace dos décadas, unos delgados y largos tacones rojos invadieron las pantallas de cine en todo el mundo sin imaginar que se convertirían en un ícono de estilo para varias generaciones de mujeres. A través de El diablo viste a la moda, Miranda Priestly, Andy Sachs y Emily Charlton marcaron un antes y un después en la forma de mirar la moda, haciendo que millones de personas entendieran que el glamour va mucho más allá de una cartera de diseñador, un abrigo imponente o unos lentes oscuros perfectamente elegidos.
Dos décadas después, el esperado estreno mundial de la segunda parte vuelve a poner sobre la mesa una conversación que supera los looks en tendencia. Porque detrás de cada outfit, cada desfile y cada pieza que se vuelve viral, también hay consumo, aspiraciones, poder y una industria textil que ya no solo vende ropa, sino estilos de vida.
A continuación, junto a expertas en moda, EXPRESIONES analiza cómo esta saga influye en nuestro día a día mucho más de lo que pensamos.
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La moda como industria
El impacto de la película no solo se vio en las de nuestros clósets, sino también en la forma en que el público empezó a mirar a las grandes casas de moda. Paredes comenta que en los 2000, muchos diseñadores que trabajaban para firmas reconocidas comenzaron a construir su propio nombre como marcas personales.
“Casos como Alexander McQueen, quien pasó por Givenchy, o Tom Ford, ligado a Gucci y luego a su propia firma, ayudaron a reforzar esa idea del diseñador como figura de poder, creatividad y negocio”, explica Paredes. Además, marcas como Prada, Louis Vuitton y otras casas de lujo ganaron aún más visibilidad ya que la cinta funcionó casi como una clase de moda para el público: mostró cómo se vive un desfile, qué ocurre detrás de una editorial, cómo se toman decisiones en una revista y por qué una prenda puede pasar de una pasarela de alta costura a una tienda comercial.
Y aunque durante esos años todavía no se hablaba con tanta fuerza de moda circular, sostenibilidad o consumo responsable, ahora estas tendencias también tomarán fuerza ya que la sostenibilidad es parte del ‘nuevo lujo’.
“Cada vez ganan más espacio las piezas artesanales, los materiales naturales y los accesorios hechos con identidad, como carteras de paja toquilla, collares tejidos o prendas con técnicas tradicionales”, dice Paredes.
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De lo sobrio a lo atrevido
Antes de que estrene la primera película, la industria textil salía del boom de la moda de los años 90, cuando predominaban prendas más llanas, colores neutros y trajes sastre amplios. Pero, con la entrada de los 2000, se abrió paso a una mezcla más audaz con “algo del glamour de los sesenta y un poco de fuerza ochentera, con la fusión de cuero, tul, escotes, cadenas y una actitud mucho más urbana.
Así lo explica la asesora de imagen Alejandra Paredes, quien recalca que “había una reconstrucción y una búsqueda de identidad en la moda” y que, a partir del filme, las botas sobre el pantalón, los pantalones pitillo, las gafas grandes, accesorios maximalistas y las mezclas inesperadas de estampados (como cuadros con flores) empezaron a verse mucho más seguidos fuera de una pasarela.
Además, la famosa escena donde Miranda explica a Andy qué hay detrás de su suéter azul ayudó a comprender, de una forma sencilla y memorable, cómo una tendencia nace en la alta costura, baja al prêt-à-porter y termina llegando a la moda casual y comercial. “Las personas se volvieron mucho más arriesgadas porque la película enseñó cómo funciona un desfile de alta costura y cómo esas ideas luego llegan al consumo masivo. La película dejó un boom cultural después de su estreno y, poco a poco, vimos cómo algunas prendas que aparecían en pantalla, o diseños muy similares, comenzaron a llegar a las tiendas”, relata Paredes.
Un vistazo a las alfombras rojas
En las últimas semanas, se han realizado diversas alfombras rojas alrededor del mundo para promocionar la segunda parte del filme, en las que cada figura del elenco ha mostrado un estilismo conectado con el papel que interpreta en la producción cinematográfica.
Para la capacitadora y consultora de imagen, Andrea Astorga, Meryl Streep (Miranda Priestly) ha mantenido una línea estética muy marcada, con armonía, estructura y poder visual. En Shanghái, su traje azul con forma de kimono abrazaba el cuerpo con elegancia y mucha presencia, mientras que en Tokio apostó por un conjunto de falda y blazer con estampado y volantes alargados, haciendo un guiño a la cultura del lugar.
“En Nueva York y Londres, en cambio, se inclinó por vestidos tipo capa, uno rojo con guantes y otro brillante con lentejuelas, confirmando que su estilo sigue siendo clásico, moderno y profundamente glamuroso”, dice Astorga.
Anne Hathaway (Andy Sachs) también ha mostrado una evolución mucho más dramática y seductora. En Shanghái llevó un vestido de encaje con una vibra romántica, dulce y clásica; pero en Tokio cambió por completo el mood con un vestido tipo lápiz, ruffles, movimiento y una fuerza más vanguardista. “Anne ya no se presenta como la chica dulce de la primera entrega, sino como una mujer más segura, con looks llamativos, lentejuelas, transparencias, mangas globo, cinturones anchos y plataformas altas que combinan glamour con comodidad”, resalta la experta.
Por su parte, Emily Blunt (Emily Charlton) ha apostado por la monocromía como sello de impacto. En uno de sus looks lució un vestido corto de Dior con medias nylon y plataformas negras, una mezcla que estiliza y aporta un aire dramático, mientras que en otra aparición eligió un total look de plumas de Schiaperelly que la hizo resaltar con dramatismo.
Finalmente, Stanley Tucci (Nigel) se mantiene en una línea más elegante y conservadora, con trajes grises y azules que refuerzan una presencia sobria, pulida y masculina.
Juntos, cada uno parece llevar a la alfombra roja una versión actualizada de su personaje: más madura, más chic y con la moda como lenguaje principal.
La evolución del maquillaje
El antes y después del personaje de Andy también se refleja en su maquillaje. Según Astorga, en la primera película la protagonista llevaba una propuesta beauty más marcada, con cejas definidas, piel más trabajada y delineado visible en los ojos, muy acorde con esa transformación de chica sencilla a mujer inmersa en el mundo de la moda. Ahora, la estética parece inclinarse hacia una versión más fresca y sofisticada, con piel menos satinada, cejas más orgánicas, sombras en tonos tierra y menos protagonismo del delineador. “Lo que se espera es un maquillaje con aire old money, monocromático, elegante y natural, donde la piel luzca fresca y el glamour se sienta más sutil”, recalca Astorga.
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El furor del regreso
La nueva entrega de la saga se une a una tendencia cada vez más fuerte en la industria cinematográfica: secuelas de historias que apelan directamente a la nostalgia. Retomar la trama 20 años después conecta con una generación que creció viendo a Andy buscar su estilo, a Miranda imponer presencia y a Emily vivir la moda como una forma de identidad.
Ahora, con el estreno de la segunda parte, la expectativa no solo está en saber cómo maduraron los personajes o cuánto crecieron profesionalmente, sino también en descubrir cómo se visten hoy.
¿Miranda mantendrá su esencia clásica y corporativa, pero con cortes más modernos? ¿Andy lucirá una elegancia más relajada, con pantalones anchos y zapatos casuales? ¿Emily seguirá apostando por un estilo creativo, en tendencia y sin miedo a innovar? Sin duda, esas y más respuestas las aclararemos en nuestra próxima visita al cine.