La edad no es un defecto… y tampoco una virtud
La política ecuatoriana necesita combinar juventud y experiencia, no convertir la edad en un argumento para descalificar ideas o trayectorias

La renovación política no debería significar desplazar la experiencia, sino combinarla con nuevas generaciones.
Hace unos 22 años, escuché de Rodrigo Paz una reflexión que tenía que ver con el fútbol, pero se convirtió en un símbolo aplicable a todo ámbito de la vida.
La lección de Rodrigo Paz
En ese entonces Liga de Quito había armado un “equipazo” para tener éxito en la Copa Libertadores de América y en el torneo local, por lo que habían incorporado al club a los experimentados Alex Darío Aguinaga y Édison Méndez, quizás los mejores futbolistas del Ecuador en ese tiempo. Paralelamente, el juvenil Franklin Salas se consolidaba como una de las mayores promesas de nuestro fútbol, junto a otro grupo de jóvenes.
Pocos meses después, hablando de política en relación a un grupo de jóvenes que habían planteado una ruptura entre los menores y mayores de 40 años, escuché de “Don Rodrigo” la frase: “no se gana un campeonato solo con once Aguinagas, o solo con once Salas”. Y agregó que, como para todo en la vida, se debe tener una mezcla de juventud y experiencia.
Cuando la edad se convierte en argumento
En las elecciones del año 2023, el Ecuador tuvo, como pocas veces antes, candidatos presidenciales con un promedio de edad muy bajo. Generó optimismo el hecho de tener un presidente joven y la forma en que los entonces candidatos derrotados como Andrea González u Otto Sonnenholzner, reconocieron los resultados. Había un cambio de estilo en la política a la que habíamos estados acostumbrados.
El Ecuador había tenido por casi dos décadas un péndulo de violencia política. En redes sociales se nos había hecho costumbre ver al ex presidente Correa hablando mal de sus antecesores o de sus sucesores, e incluso desprestigiando a su propio país. Para él, todo pasado fue malo, y él -la juventud de ese entonces- era bueno. Ahora él es el pasado.
Es impresentable ver a asambleístas como Peña, que proviene justamente de ese proyecto político, descalificar las ideas del otro por una condición de edad o porque en alguna elección no tuvo un buen resultado electoral. Hace un par de años, ya hubo algún expresidente que quiso descalificar al expresidente Hurtado por haber tenido el 1% de los votos, tras una crítica acertada que hizo éste al perverso sistema de movimientos políticos del Ecuador. Cuando no se tiene argumentos, se acude a la desligitimación.
La ejemplaridad pública no se manifiesta únicamente en las grandes decisiones institucionales o en una votación, sino también en los gestos cotidianos que revelan la coherencia entre el cargo y la persona. El expresidente Osvaldo Hurtado representa, en el contexto ecuatoriano, un caso documentado de esta coherencia: su trayectoria como promotor de la institucionalidad democrática ha sido reconocida por la historiografía política del país como expresión de un liderazgo basado en principios antes que en prerrogativas del poder.
Ecuador necesita experiencia y renovación
Por eso, por más que se difiera en cualquier concepto, jamás se podrá descalificar al expresidente Hurtado criticando su honorabilidad o intelecto. Peor aún, intentanto posicionar su edad como un defecto, cuando este país lo que requiere es que el equipo gane con esa mezcla de juventud y experiencia. La edad finalmente es una simple condición actual de nuestro tránsito en la vida.