Toque de queda en Ecuador no convence: crecen críticas ciudadanas
En Guayaquil, la gente reporta pocos cambios tras la medida. Varios jóvenes cuestionan su eficacia. Adultos mayores perciben mayor seguridad y control

En Guayaquil, ciudadanos dicen que toque de queda no reduce inseguridad y delito se mantiene.
Lo que debes saber
- En Guayaquil, ciudadanos dicen que toque de queda no reduce inseguridad y delito se mantiene.
- Jóvenes en Ecuador cuestionan la medida: piden más operativos en zonas conflictivas y control real.
- Adultos mayores en Guayaquil afirman que toque de queda mejora seguridad en sus barrios.
El toque de queda en Ecuador no convence a gran parte de la ciudadanía porque, según testimonios recogidos en Guayaquil, no ha reducido de forma perceptible la inseguridad. Mientras jóvenes y trabajadores señalan falta de control efectivo y desplazamiento del delito, algunos adultos mayores perciben una leve mejora en la seguridad en sus barrios.
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El sol cae sin tregua sobre el centro de Guayaquil. Es un calor espeso, que se pega a la piel y obliga a caminar más lento, como si la ciudad misma pesara.
En la avenida 9 de Octubre, el ruido no descansa: bocinas que suenan una tras otra, vendedores que alzan la voz para hacerse oír y pasos apurados que se entrecruzan sin detenerse. La escena es caótica, viva, intensa.
Aquí, en medio de ese pulso cotidiano, el debate sobre el toque de queda no se siente en discursos oficiales, sino en la voz directa de quienes caminan la ciudad.
Trámites y servicios
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Diana Sotomayor

Referencial. La disposición iniciará tras cuatro días de descanso con controles nocturnos.
¿Qué opina el ciudadano de a pie?
En un recorrido por el centro, este Diario conversó con diez ciudadanos de distintas edades. La mayoría coincide en algo: no perciben cambios tras el primer toque de queda y no esperan resultados distintos con el nuevo anuncio. Sin embargo, entre los adultos mayores surge una lectura diferente, más optimista, que habla de una leve mejora en la seguridad.
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Jazmín Avilés camina por la 9 de Octubre como quien espera a alguien, mirando de vez en cuando su teléfono. Cuando se le pregunta si la medida ha tenido algún efecto, responde sin titubeos: “El país sigue igual. Las ciudades con el toque de queda siguen igual. La inseguridad está horrible. Salimos con miedo y agradecemos a Dios cuando regresamos sanos y salvos”.
No cree que el nuevo periodo de restricción cambie el panorama. “En los toques de queda anteriores no ha pasado nada. Entonces no pasará nada ahora. No entiendo por qué la medida si seguimos en lo mismo”, añade.
Adultos mayores apuestan por el toque de queda
A pocas cuadras, en la Plaza San Francisco, el ritmo es otro. Entre quienes descansan en las bancas y quienes cruzan está Francisco Pilay, de 80 años. Camina por salud, dice, y se toma su tiempo para responder.
Para él, el escenario sí ha mejorado: “Ha servido la medida. Ha bajado la inseguridad. Estábamos mal y ahora ha cambiado bastante el asunto”. La percepción de Pilay se repite en otros adultos mayores. Fátima, ama de casa, sale de la iglesia con paso pausado y una funda pequeña en la mano.
Vivo en uno de los sectores más peligrosos del país y, aunque en ocasiones hay intervenciones policiales y militares, la situación no mejora. El Gobierno debería definir estrategias más efectivas.
Dice que en su barrio la situación es distinta a la que se escucha en las noticias. “Para mi sector sí ha servido. Tenemos bastante vigilancia porque es una zona comercial. Aunque pasan cosas, la reacción de la Policía es buena”, asevera.
Acerca del nuevo toque de queda, su expectativa no está en cifras ni operativos, sino en algo más simple: “Que haya mejores resultados y se acabe la maldad. Yo le pido a Dios que ayude al presidente para que termine la violencia”.
Los jóvenes esperan más acciones
Pero esa visión no es la dominante. Erik, un joven que avanza rápido con varias fundas de compras, se detiene apenas unos segundos. Su respuesta es directa: “No sirve de mucho porque hay personas que no respetan la ley. Y las autoridades no hacen nada”.
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Cree que el problema no está en restringir horarios, sino en dónde y cómo se actúa. “Las operaciones deberían hacerse en zonas conflictivas que ya se conocen. Que lleven a las Fuerzas Armadas y hagan intervenciones que realmente bajen la delincuencia”, sostiene antes de seguir su camino.
El contraste se vuelve más marcado con la opinión de Esteban Narváez, comunicador que por trabajo se mueve constantemente. Para él, la situación tiene dos caras. “No siento que sirva, la verdad. Las mafias siguen, el peligro en la calle sigue. A veces detienen a personas que no son los verdaderos responsables, mientras los que cometen delitos siguen afuera”, afirma.
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Narváez también apunta a los efectos colaterales de la medida. Habla de retrasos en operaciones laborales, de sanciones económicas y de limitaciones para movilizarse. “Esto afecta a empresas, a trabajadores. Hay gente que ha sido multada porque no llega a tiempo. Y quienes viajan también se ven perjudicados. Si uno llega tarde, puede tener problemas. Es complicado”, explica. Su conclusión es tajante: “Se siente más como una medida de apariencia que una solución real”.
A esta apreciación se suma Carlos Cordovez, gestor cultural, quien mantiene un vínculo activo con el arte y la cultura de la ciudad y considera necesario evaluar el impacto del toque de queda. “En lo personal no me afecta porque no salgo mucho, pero la vida nocturna sí se ve golpeada por la medida. La inseguridad aún se percibe en las calles y las autoridades deben seguir trabajando en ello”, señaló.