Pesca artesanal
La jaiba mora, un freno a la pesca artesanal en Esmeraldas
La plaga destruye redes y reduce capturas. Miles de familias están preocupadas por la falta de ingresos. Las pérdidas superan los 27 millones de dólares

Trabajadores al pie del mar muestran la red dañada y llena de las jaibas.
Lo que debe saber
- Crisis sin pesca: La proliferación de la jaiba mora ha paralizado la pesca artesanal en Esmeraldas, dejando a miles de pescadores sin ingresos y con faenas que regresan en cero.
- Pérdidas millonarias: Cada embarcación deja de percibir hasta 9.000 dólares en tres meses, lo que eleva el impacto económico del sector por encima de los 27 millones.
- Golpe social y alimentario: La reducción de la oferta pesquera ya provoca alza de precios y afecta a miles de familias que dependen directa e indirectamente de la actividad.
La pesca artesanal en la costa de Esmeraldas atraviesa una crisis sin precedentes tras más de tres meses de proliferación de la jaiba mora, una especie que invade redes, destruye equipos y ha dejado a miles de pescadores sin capturas ni ingresos. La situación mantiene paralizadas miles de embarcaciones, genera pérdidas millonarias y empieza a impactar en el abastecimiento y precio del pescado, sin que aún exista claridad sobre soluciones o ayudas para el sector.
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A las cuatro de la madrugada, cuando el cielo apenas insinúa la primera luz sobre la costa de Súa, Luis Mojarrango empuja su canoa hacia el mar con la misma rutina de siempre. Sus manos, curtidas por años de sal y sol, conocen cada nudo de la red y cada movimiento del agua. Pero hoy, como desde hace más de tres meses, no hay expectativa en su mirada, sino resignación. Lanza la red una vez más, en silencio, como quien insiste en un oficio que se le escapa. Minutos después, no hay dorado, ni sierra, ni camarón, solo una masa oscura y viva que se retuerce: jaiba mora. “Ya no hay pesca… esto se llevó todo”, murmura.
En Atacames, María Nazareno espera sentada sobre una hielera vacía. Antes, su esposo regresaba con la canoa cargada y ella limpiaba, pesaba y vendía el pescado. Hoy lo ve llegar con las manos vacías. “Solo traemos jaiba… y eso no se vende”, dice él. María hace cuentas en silencio: son meses sin ingresos ni certezas para sostener a sus hijos.
Se ha paralizado la pesca artesanal
La escena se repite en toda la costa de Esmeraldas. En Atacames, Colope o Tonsupa, el paisaje cambió: embarcaciones varadas, motores apagados y redes rotas. La proliferación de la jaiba mora (Euphylax dovii) ha paralizado la pesca artesanal y golpea a uno de los sectores más vulnerables.
“Es una plaga que nos ha dejado sin sustento”, resume el pescador Gerardo Álava. Al menos 5.000 pescadores enfrentan esta crisis. En Atacames, más de 1.000 embarcaciones están detenidas, y en la provincia se registran entre 3.000 y 3.100 unidades afectadas.
Las jaibas invaden y destruyen redes, devoran la carnada, ahuyentan especies y consumen el pescado. No tienen valor comercial y generan irritaciones en la piel. “En el mar solo recuperamos los cabos”, dice un pescador.
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Lisbeth Zumba
Hay miles de dólares en pérdidas
Las pérdidas son severas. Una red puede atrapar hasta 50 jaibas en minutos. Cada salida cuesta cerca de 500 dólares, pero los ingresos apenas alcanzan entre 100 y 200, cuando antes se capturaban hasta 30 dorados. Hoy, en muchos casos, es cero.
Según César Gerón, los daños por embarcación llegan a 3.000 dólares y hasta 12.000 en pesca de camarón. Reponer equipos puede costar 4.000 dólares, inaccesibles para familias sin ingresos.
Maura Oviedo, de la Cámara de Pesquería, advierte que la crisis lleva más de tres meses. A la plaga se sumaron corrientes intensas y robos en altamar. Las pérdidas alcanzan 700 dólares por salida, unos 3.000 mensuales por embarcación. En tres meses, cada unidad ha dejado de percibir cerca de 9.000 dólares. Multiplicado por 3.000 embarcaciones, el impacto supera los 27 millones.
El golpe se agravó en Semana Santa y Carnaval, cuando usualmente se recuperan ingresos. Este año, muchas faenas regresaron en cero. No solo dejaron de ganar: pagaron por pescar.
La consecuencia es inmediata: menor oferta y alza de precios. El Ipiap señala que la jaiba se extiende entre 3 y 80 millas y su proliferación responde a condiciones ambientales, aunque este año el fenómeno ha sido más prolongado de lo habitual.
El problema continúa en tierra. Muchos pescadores deben enterrar toneladas de jaibas junto con redes inutilizables. “Llegamos cargados y toca enterrarlas”, relata Sebastián Chila.
En Esmeraldas hay 53 caletas y cerca de 4.000 pescadores, pero el impacto supera los 5.000 trabajadores directos y miles de familias. Con tres pescadores por embarcación, los afectados suman decenas de miles.
La incertidumbre persiste. No hay claridad sobre cuándo disminuirá la plaga ni sobre las ayudas estatales. Se mencionan compensaciones, pero la información es limitada.
Así, cada madrugada, Luis Mojarrango vuelve al mar aferrado a una rutina que ya no garantiza nada. El océano, antes sustento, hoy devuelve redes rotas y pérdidas, confirmando que la pesca artesanal en Esmeraldas atraviesa una de sus peores crisis.