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Diario Expreso Ecuador

El resultado no basta

Es urgente que trabajemos en cada estudiante para que elabore la conciencia de que es el conocimiento el que lo realiza.

El auge de la

El auge de la "titulitis" y el uso de la tecnología para el fraude académico ponen en jaque el binomio entre ética y conocimiento en las aulas universitarias.Inteligencia Artificial

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Fue noticia, hace poco, el descubrimiento de que estudiantes de medicina de la Universidad Central, de manera electrónica y sofisticada, fraudulentamente rendían exámenes. De inmediato, la altisonancia, el cruce de opiniones y el rasgado de vestiduras se hicieron presentes, pero, como siempre, más como crítica y asombro que como un análisis de la realidad.

La presión por la nota y el título

Que el asunto es lamentable, es obvio, pero es claro que tiene viejas raíces, cuando se pasó por colegios y escuelas falseando la realidad, inventando y mostrando un conocimiento no adquirido y de espaldas a una ética que no se vivió. Que es vergonzoso, y hasta peligroso, que un futuro médico desprecie el aprender y muestre simplemente ambición por un título que por el conocimiento, es grave; más si creció así, sin valores en el proceso, esto es tan solo consecuencia.

Cuando llegó a la educación la corriente de: “lo que cuenta es el resultado”, alumnos y hasta padres tomaron la idea de que alcanzarlo era conseguir la nota y, más tarde, el cartón. ¿Cómo? No importaba. Llegar al diez o al título era obsesión, aunque al hacerlo se hipotecaran, junto al aprender, la honestidad académica, la voluntad de estudiar y el deseo de transcender.

La familia y el alumno han de reflexionar y descubrir que, más que la calificación o el diploma, lo que cuenta es el conocimiento adquirido. Bien sabemos que la mal llamada meritocracia y la titulitis de los últimos tiempos han abonado a la confusión, pero es urgente que trabajemos en cada estudiante para que elabore la conciencia de que es el conocimiento el que lo realiza, la ciencia la que le da soporte y la honestidad la que le da mérito y valor.

Los viejos profesores ponían énfasis no solo en la respuesta, sino, como decían, “en el procedimiento”; es decir, en el proceso que lleva a la conclusión, y daban valor a este como al resultado.

La pedagogía y la ética no pueden divorciarse; resultan ser un binomio perfecto, ineludible para garantizar el resultado, no solo del examen, sino de la vida misma de la persona.

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