TURISMO EN GUAYAQUIL
Malecón del Salado pierde visitantes: así luce uno de los espacios más emblemáticos de Guayaquil
El Malecón del Salado, que durante años fue uno de los principales sitios de recreación de Guayaquil, registra una notable disminución de visitantes

La parte alta del ala oeste del malecón luce desolada incluso en los días libres.
Las claves del caso
- Durante un recorrido realizado por EXPRESO se constató que el Malecón del Salado presenta una baja afluencia de personas, incluso durante un sábado por la tarde, cuando años atrás era uno de los principales puntos de encuentro de familias y turistas.
- Visitantes consultados señalaron que el malecón era un espacio lleno de restaurantes, actividades recreativas y ambiente familiar, pero hoy observan locales cerrados, pocos usuarios y una menor oferta de entretenimiento.
- Aunque no responsabilizan directamente a una institución, varios ciudadanos consideran que el aumento de la inseguridad ha influido en la reducción de visitantes, afectando también actividades tradicionales como los paseos en bote por el estero Salado.
El espacio cuya atracción principal es el estero Salado, en Guayaquil, parece haber alcanzado su ‘fecha de caducidad’: no está marcada en un calendario, pero los visitantes ya no eligen el malecón del Salado como destino, sino como un paso para lograr llegar a otro sitio.
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De punto de encuentro a un recorrido desolador
Son las 17:00 del sábado 1 de agosto, una hora en la que hace algunos años costaba encontrar una banca vacía. El calor obliga a vestir shorts y bermudas, pero en el ingreso por la calle 9 de Octubre apenas se observan tres parejas bien ‘acurrucadas’ ocupando las bancas. El resto luce vacío.
Las instalaciones están listas para recibir a cientos de visitantes, pero el lugar permanece casi vacío. Solo el canto de las aves del estero Salado y los gritos de los jugadores y aficionados que llegan desde las canchas del colegio Vicente Rocafuerte, contiguo al malecón, interrumpen la tranquilidad del recorrido hasta el puente del Velero.
De pronto aparece una familia de cuatro integrantes: padre, madre y dos niños. Caminan despacio, leyendo los monumentos dedicados al Grupo de Guayaquil, los cinco literatos que describieron, entre verso y prosa, las realidades de los obreros ecuatorianos a principios del siglo pasado.
Usuarios aseguran que, a pesar del aumento de la tarifa, el servicio no ha mejorado.

Quienes transitan por el puente 5 de Junio, en el Malecón del Salado, ya no pueden apreciar el atractivo de la Fuente Musical.
Recuerdos que llevan a la nostalgia
Karen recuerda este lugar con cariño porque durante su época de estudiante de la Universidad de Guayaquil lo recorría con frecuencia. Por eso le sorprende verlo casi vacío. “Esto, según recuerdo, siempre estaba lleno los fines de semana. Era un sitio familiar y amigable con todos”, dice mientras camina.
Miguel Salazar recorre el malecón acompañado de dos familiares que llegaron desde Estados Unidos. Mientras camina, no puede ocultar la decepción al encontrar uno de los sitios más emblemáticos de Guayaquil casi desierto. “Veníamos a ver si comíamos algo, pero no hay nada. Todo está vacío, cerrado. Hasta el parque de acá ya está cerrado”, comenta mientras observa los locales sin movimiento. Siente “vergüenza”.
La plaza ubicada junto al puente del Velero ya no tiene el ambiente de antes. Hoy solo permanecen una pequeña pista de skate, un cuadrilátero para deportes de contacto y unos cuantos jóvenes que pasan la tarde conversando.
El panorama sorprende aún más a quienes visitan este espacio por primera vez. “La verdad, yo nunca he estado en este lugar, pero se ve vacío. Sí me sorprendió que no hay flujo de personas un sábado en la tarde, cuando las familias y la gente salen. Se siente muy desolado”, comenta Javier, quien llegó desde Estados Unidos para visitar a familiares.
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La inseguridad: el principal fantasma del turismo local
Nadie se atreve a señalar a un responsable del abandono del malecón, aunque todos coinciden en que la inseguridad es una de las principales razones por las que los guayaquileños dejaron de visitarlo. “Hay guardias por todos lados, pero la seguridad es cuestión de suerte. No solo aquí, sino en todo el país”, reflexiona Miguel.
Son las 18:15. Mientras la oscuridad empieza a cubrir el estero, un veterano remero acomoda pacientemente su bote en el muelle. Lleva desde los 15 años remando por estas aguas y asegura que nunca había visto el malecón tan apagado.