País de Quijotes
En un país medianamente saludable, los ciudadanos denuncian y las instituciones actúan. Si eso hubiera ocurrido, Mónika estaría viva

En la comuna Manglaralto, en Santa Elena, ciudadanos rindieron homenaje a la activista polaca Monika Silva.
Don Quijote perdió la cordura leyendo novelas de caballería y decidió recorrer el mundo defendiendo ideales que no le importaban a nadie. Confundió molinos con gigantes y campesinas con princesas. Mientras los demás observaban desde la comodidad de sus casas, él vivió en función de sus ideales.
Ecuador está lleno de quijotes pero, a diferencia del personaje de Cervantes, a los nuestros los matan. Se enfrentan a mafias, corrupción y abusos de poder, solos. Ocupan el rol de fiscal, legislador, policía, investigador y activista porque las instituciones que deberían cumplir esas funciones, no lo hacen.
El caso Mónika Silva y las dudas sin resolver
Mientras escribo estas líneas, existe incertidumbre sobre lo que ocurrió con Mónika Silva. El ministro del Interior, de forma irresponsable, especuló sobre un posible suicidio. A él no le correspondía anticipar conclusiones ni zanjar interrogantes. Luego, dispuso investigaciones más profundas, que es lo que cabe si se busca llegar a la verdad.
La comunidad europea, los medios y la sociedad civil no han parado de recordar el calibre de las denuncias que Mónika hizo, las amenazas que recibió y los enemigos que se ganó durante años de implacable activismo ciudadano. ¿Suicidio? Altamente improbable. Pero, aun si ese fuera el caso, aquí fracasó el Estado.
Mónika empezó a acercarse a la muerte con cada denuncia ignorada, con cada expediente archivado y con cada alerta desatendida. Si el Estado no atiende las denuncias que surgen de la sociedad, el ciudadano queda expuesto ante los denunciados. Una denuncia ignorada, puede significar una mafia operando con tranquilidad. Una mafia operando con tranquilidad es una sentencia para quien tiene el valor de señalarla y visibilizarla. Convertirse en símbolo de valor cívico; no debería equivaler a poner la vida en bandeja. En un país medianamente saludable, los ciudadanos denuncian y las instituciones actúan. Si eso hubiera ocurrido, Mónika estaría viva, sus hijas tendrían a su madre.
Para Cervantes, Don Quijote era un idealista, un romántico. En Ecuador, los quijotes no son solo héroes solitarios, sino blancos móviles cuyo esfuerzo y cuyos propósitos no serán inmortalizados en los grandes libros, sino que diluirán su memoria entre la indiferencia estatal y los feeds de redes sociales.