Inteligencia artificial
La IA gana terreno en el agro ecuatoriano pese a las brechas
Proyectos agropecuarios con esta tecnología ya se prueban, pero la conectividad, la capacitación y la falta de una política pública frenan su adopción masiva

Ángel Sappa guía a profesionales del CIDIS-ESPOL en proyectos que insertan a la IA para solucionar algunos problemas en la producción y comercialización.
Lo que se sabe
- Universidades, empresas y cooperación internacional desarrollan proyectos y soluciones para problemas en distintos cultivos.
- La ESPOL desarrolla soluciones que buscan reducir el uso de pesticidas, mejorar la clasificación de productos y hacer más accesible la tecnología.
- Ecuador destaca en el uso de las herramientas de IA, pues obtuvo 74,12 puntos de 100, pero en investigación, desarrollo y adopción apenas llega a 41,17 puntos sobre 100, según el Índice Latinoamericano de Inteligencia Artificial 2025.
La inteligencia artificial (IA) ya no es una promesa lejana para el agro ecuatoriano, pues ya empieza a probarse en proyectos concretos, más allá del sector camaronero, único referente de adopción tecnológica por años. Universidades, cooperación internacional y empresas privadas impulsan iniciativas para resolver problemas puntuales de productores de cacao, banano y otros cultivos, aunque el camino aún enfrenta obstáculos que no dependen solo de la tecnología.
Te invitamos a leer | Snacks, bolón y tonga congelados, la nueva apuesta exportadora de Ecuador
En el Centro de Transformación Digital de la Escuela Superior Politécnica del Litoral (ESPOL), un equipo resuelve un problema puntual: los agricultores fumigan sin saber si hay suficientes esporas patógenas en el aire para justificarlo, lo que encarece la producción y provoca el rechazo de cargamentos de productos como el cacao o el banano por exceso de químicos en mercados internacionales. La solución son trampas que capturan esporas del aire y que luego se analizarán en el Centro de Investigaciones Biotecnológicas del Ecuador (CIBE), financiadas por el Banco Interamericano de Desarrollo y una transnacional del chocolate, con una escala menor para banano financiada por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo.
Según Daniel Ochoa, uno de los investigadores que impulsó el proyecto —hoy dirigido por María Fernanda Ratti y codirigido por Adriana Collaguazo—, la trampa tiene un costo de fabricación de $600, frente a una importada que ronda los $8.000, y con información simplicada para el productor puede reducir el uso de pesticidas hasta en un 20%.
El proyecto todavía no aplica inteligencia artificial, pero la academia cuenta con una ventaja competitiva para el desarrollo tecnológico en cuanto al manejo de enfermedades agrícolas: un basto catálogo de esporas, la base necesaria para entrenar esos futuros algoritmos.

Adriana Collaguazo (izq.) y Daniel Ochoa muestran la trampa de esporas desarrollada por la ESPOL.
Mientras tanto, en el Centro de Investigación, Desarrollo e Innovación de Sistemas Computacionales de la ESPOL, el investigador Henry Velesaca muestra dos sistemas que afrontan la subjetividad en la calificación de productos agrícolas. El primero clasifica el grado de impureza del maíz, puesto que en la actualidad, dice Velesaca, ese proceso es manual y deja al agricultor "en desventaja porque no se establece un precio justo". El segundo, en cambio, determina el nivel de melanosis (oxidación) del camarón, un dato que hoy define el precio y el mercado de destino, y que hasta ahora dependía por completo del criterio de la empacadora.
Economía y negocios
Exportaciones de la Comunidad Andina crecieron 11,5 % en 2025 y China fue el principal destino
Mayra Pacheco Pazmiño
Drones y robots llevan la IA a nuevas aplicaciones
También se trabaja en un proyecto que usa imágenes de dron con espectro visible e infrarrojo para detectar con precisión en qué zonas de una bananera hay maleza y así aprovechar los insumos y mano de obra de manera eficiente.

El investigador Henry Velesaca muestra un proyecto que utiliza imágenes de drones para identificar malezas en bananeras y optimizar el uso de insumos y mano de obra.
El equipo trabaja además en proyectos variados, como la detección de defectos en tapas de hojalata a cargo de Velesaca; la identificación de objetos camuflados para plagas y fauna que documenta Luigi Miranda; y la detección de bordes —"cualquier cambio entre píxeles", explica Guillermo Castillo—, donde ya generó datasets sintéticos propios y colabora con universidades de Chile e Italia. Todos ellos entrenando modelos para "ver" en las imágenes lo que antes solo detectaba el ojo humano, en distintos escenarios.
En el área de robótica, el investigador Héctor Villegas, bajo supervisión del doctor Miguel Realpe, ha trabajado con financiamiento privado y del FIASA —un fondo del Ministerio de Agricultura— en el desarrollo de drones equipados con cámaras RGB e infrarrojas para detectar palmeras, estimar la densidad de cultivos de banano y medir la altura del maíz.
En cambio la tesis de Villegas aborda otro desafío: el costo del hardware. desarrolla una IA multimodal que combina imagen y texto para guiar robots hacia objetos descritos en lenguaje natural, sin requerir tarjetas gráficas de alta gama. La prueba redujo el costo alrededor de $469 (considerando los impuestos en Ecuador), y busca ahora llevar el sistema de entornos simulados a físicos.
Economía y negocios
Freddy Magdama: “La contención del Fusarium debe ser algo técnico, no político”
Lisbeth Zumba

Guillermo Castillo investiga detección de cabios entre píxeles para entrenar modelos de IA.
No obstante, el desarrollo tecnológico en el país aún enfrenta importantes retos, pues desde la academia se reconoce que la industria tecnológica ecuatoriana aún se encuentra en una fase inicial.
“No hay industria tecnológica en Ecuador, es muy incipiente. Hay que crearla, y parte de eso es lo que la ESPOL está impulsando y la empresa privada”.
Según el Índice Latinoamericano de Inteligencia Artificial 2025, elaborado por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe y el Centro Nacional de Inteligencia Artificial de Chile, Ecuador ocupa el décimo lugar entre 19 países de la región, con 40,68 puntos sobre 100, por debajo del promedio regional y dentro de la categoría de "adoptantes". Aunque destaca por el uso de herramientas de IA, con 74,12 puntos, su puntaje en investigación, desarrollo y adopción es de apenas 41,17.
Lo que hay detrás de la brecha
En la penetración de internet fijo de alta velocidad —medida por las suscripciones a banda ancha fija por cada 100 habitantes—, Uruguay pasó de 7,4 a 32,4 suscripciones por cada 100 habitantes entre 2008 y 2023, muy por encima de Chile (22,9), Costa Rica (22,5) y Brasil (22,4). El promedio de América Latina y el Caribe se ubica en 17,9. Ecuador, con 16, está por debajo de ese promedio regional, según datos del Observatorio de Desarrollo Digital de la Cepal.
Para Xavier Cárdenas, especialista en proyectos agropecuarios y CEO de Agrosoft Latam, no se puede hablar de adopción tecnológica de ningún tipo sin partir de la conectividad. Explica que el cuello de botella ya no es la infraestructura, sino la cultura digital. “El tema de la adopción tecnológica es un tema de personas", afirma, y apunta directamente a los jóvenes rurales.
“No existe nada tan democrático como el acceso a la tecnología (...) Estamos a distancia de darle una tablet a un joven, y ese joven puede cambiar el mundo”.
Para que eso ocurra, enfatiza, hace falta construir un entorno rural con educación en territorio —menciona el rol de las universidades— y con oportunidades reales, lo único que, según él, puede volver atractivo ser agricultor.

Xavier Cárdenas, de Agrosoft, inserta tecnología en cultivos de banano y cacao para agroexportación.
Sobre la política pública que debería sostener ese cambio, Cárdenas es claro: debe construirse entre gremios, universidades y empresa privada, y mantenerse vigente más allá de los gobiernos de turno, la ruta por la que optaron los países que lideran en conectividad en la región. Algo que en Ecuador todavía no existe.
La EUDR apremia y la IA puede jugar un papel clave
Christian Marlin, ingeniero agroeconomista, trabaja en otro frente urgente: el reglamento europeo contra la deforestación (EUDR), que exige desde enero de 2027 trazabilidad total, un requisito especialmente complejo en cultivos con bases productivas sumamente fragmentadas, como el cacao o el café. Con inteligencia artificial, Marlin creó una aplicación que permite a cualquier productor geolocalizar su parcela desde el celular en apenas 15 minutos, frente al tiempo y costo de enviar a un técnico. Crear este tipo de soluciones, sostiene, también se ha vuelto más simple y menos costoso gracias a la misma IA.
Ante el reto de la EUDR, Marlin advierte que el eslabón más débil sigue siendo los intermediarios informales, puesto que el 90% del cacao pasa por comerciantes y añade que, más del 70% no está registrado. Esto dificulta rastrear el origen del producto hasta la exportación.
Un modelo abierto para replicarse
Mientras tanto, existen esfuerzos por formar en IA a jóvenes rurales. Así lo hizo el proyecto TerritorIA, de la cooperación alemana (GIZ), con la selección de 122 participantes. Algunos ya conocían de tecnología; otros no tenían idea de qué era, señala Wilder Bravo, asesor en Digitalización y Transformación Digital en proyectos de la GIZ Ecuador.
De ahí surgieron nueve prototipos, entre ellos CacaoGuardIA, ganador por su diagnóstico temprano de enfermedades. "No partió de una idea de oficina en Quito", explica Bravo. Los prototipos nacieron de necesidades reales del territorio y del sector privado.
Trámites y servicios
Becas Talento Joven: cuándo se conocerán los beneficiarios de los $ 569
Diana Sotomayor
Erly Loor, productora de cacao en Manabí y desarrolladora de CacaoGuardIA, explica que la aplicación busca evitar pérdidas por diagnósticos erróneos de enfermedades que pueden afectar hasta el 80% de una cosecha. El prototipo identifica la enfermedad y recomienda el insumo adecuado y suma trazabilidad para negociar un mejor precio, con un modelo que ya reconoce el comportamiento de monilia, escoba de bruja y mazorca negra en su provincia, y también en Esmeraldas y Sucumbíos.
La metodología de TerritorIA ya fue transferida al entonces Ministerio de Agricultura y la GIZ evalúa una segunda edición, mientras socios académicos ya muestran interés en replicarla en 2027. "Todos los materiales están hechos para que el proyecto sea replicable por cualquier actor que esté involucrado".
Finalmente, Cárdenas cierra con optimismo. La tecnología y la conectividad, dice, ya existen; lo que falta es invertir en la adopción: capacitación, sensibilización y, sobre todo, llegar hasta la persona en el territorio para romper el miedo y el desconocimiento que hoy frenan el cambio. “Si juntamos estos dos —tecnología y adopción—, lo que pase acá se multiplica”, asegura, y señala a los jóvenes de 20 a 35 años como la generación llamada a dar ese salto, si el entorno rural los acompaña.
Para Loor, en cambio, los programas de formación en tecnología también deben apuntar a los adultos mayores, dueños de la mayoría de las fincas y tomadores de decisiones. “También las personas adultas deben ser incluidas, desde los 40 hasta los 60 años, para que ellos también sepan manejar su cultivo”, propone. Cerrar esta brecha generacional, sostiene, también es clave para a largo plazo mejorar la eficiencia del campo.
Si quieres leer esta y más noticias, suscríbete a EXPRESO. SUSCRÍBETE AQUÍ