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Diario Expreso Ecuador

sistema financiero

¿Cuándo se acaba la liquidez?

El crecimiento del crédito y el consumo enfrenta señales de presión por la reducción de los flujos externos y un menor avance de los depósitos

La liquidez ha impulsado el crédito y el consumo en Ecuador, pero comienzan a aparecer señales de una posible desaceleración.

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La pregunta del millón en los círculos corporativos es cuándo comenzará a revertirse la acumulación de liquidez que hemos observado recientemente, y que ha dado un importante impulso a la demanda interna.

El nuevo respiro de liquidez permitió a los hogares ecuatorianos acceder a recursos del sistema financiero para sostener un nivel de consumo superior al que sus ingresos salariales permitirían. Esto ha ocurrido en un contexto en el que los salarios no han subido en términos reales y el mercado laboral continúa caracterizado por una elevada oferta de trabajadores. Algo similar ocurrió en el sector corporativo. Las empresas aprovecharon la abundancia de recursos, primero para reestructurar sus pasivos y más recientemente, para dirigirse hacia proyectos productivos e inversión.

La liquidez, por tanto, ha cumplido un papel importante en la recuperación de la demanda doméstica. Pero este proceso no puede durar indefinidamente. La pregunta ya no es solamente cuándo veremos una reversión, sino qué tan rápido comenzará a deteriorarse el proceso que la sostuvo. Y algunas señales de alerta ya empiezan a aparecer.

Los dólares que entran al país comienzan a reducirse

La primera está en las cuentas externas. El superávit comercial acumulado en doce meses se ubicó por debajo de los $4.500 millones en julio, casi $2.000 millones menos que un año atrás. Esto ocurre a pesar de los elevados precios del crudo. De hecho, el superávit petrolero se redujo aproximadamente a la mitad durante el mismo período.

Las remesas, afortunadamente, continúan proporcionando un importante colchón externo. Gracias a ellas, Ecuador mantiene todavía un superávit de cuenta corriente elevado, aunque también en proceso de reducción. Esto importa mucho porque en una economía dolarizada, la disponibilidad de liquidez dentro del país depende en buena medida de lo que ocurre con los flujos de dólares que entran y salen.

El crédito empieza a alcanzar el ritmo de los depósitos

La segunda señal está dentro del propio sistema financiero. El crecimiento anual de los depósitos se encuentra actualmente en niveles similares al crecimiento del crédito. Esto significa que la expansión futura de los recursos prestables dependerá cada vez más del colchón de liquidez que las instituciones financieras hayan acumulado. Si los depósitos dejan de crecer al ritmo observado recientemente, mantener una expansión acelerada del crédito será progresivamente más difícil. Para ello, los bancos mantienen más de $7.000 millones depositados en el exterior que podría regresar al país si las condiciones de liquidez lo requirieran.

El superávit comercial acumulado en doce meses se ubicó por debajo de los $4.500 millones en julio, casi $2.000 millones menos que un año atrás.

Pero las instituciones financieras que miran más allá del siguiente trimestre ya parecen estar anticipándose a un eventual cambio de ciclo. Algunas están evaluando cómo prefinanciar sus necesidades futuras de liquidez antes de que las condiciones financieras se vuelvan menos favorables e incluso consideran mecanismos de fortalecimiento patrimonial para acompañar sus planes de crecimiento.

Los riesgos que pueden acelerar el cambio de ciclo

En circunstancias normales, este proceso podría describirse simplemente como un aterrizaje controlado de la liquidez. El problema es que el cierre de 2026 y el comienzo de 2027 tienen poco de normales.

Ecuador enfrenta la posibilidad de un nuevo episodio de crisis energética. Sus efectos no se limitarían a la generación eléctrica o a las pérdidas directas de las empresas. Una interrupción significativa de la actividad productiva puede deteriorar la capacidad de pago de los hogares y las empresas, elevar la morosidad y afectar la calidad del balance de instituciones financieras.

A ese escenario debemos añadir el riesgo de un fenómeno de El Niño. Un evento climático significativo podría golpear inicialmente al sector productivo, pero sus efectos rápidamente se trasladarían a las cuentas fiscales y externas.

El desafío para empresas, bancos y Gobierno será anticiparse al cambio de ciclo. Porque cuando la liquidez empieza a desaparecer, normalmente ya es demasiado tarde para comenzar a prepararse.

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