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Diario Expreso Ecuador

Panorama económico

El Niño: cuando el clima se convierte en un riesgo económico

El fenómeno climático puede convertirse en un shock económico que golpee producción, comercio, empleo y finanzas públicas.

El Niño en Ecuador: Del desastre climático a la parálisis económica y fiscal.

El Niño en Ecuador: Del desastre climático a la parálisis económica y fiscal.Imagen referencial, elaborada con IA.

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El fenómeno de El Niño suele aparecer en las noticias como un fenómeno climático: temperaturas más altas, lluvias intensas, inundaciones y afectaciones a carreteras y viviendas. Pero para Ecuador, un episodio severo de El Niño es mucho más que eso. Puede convertirse rápidamente en un shock económico, capaz de afectar simultáneamente la producción, las cadenas de suministro, el transporte, los precios, las exportaciones, el empleo y las finanzas públicas.

La experiencia debería obligarnos a tomar en serio la posibilidad de que un nuevo episodio fuerte durante 2026-2027 no sea simplemente una contingencia climática, sino un riesgo económico y empresarial de primera magnitud.

¿Cómo ha afectado este evento climático a Ecuador?

La historia ofrece una referencia particularmente importante. Durante El Niño de 1997-1998, un estudio de la CAF, basado en estimaciones de la CEPAL y en información de instituciones ecuatorianas, calculó pérdidas por un valor equivalente a aproximadamente 15% del PIB de Ecuador de 1997. El episodio de hace casi tres décadas permite entender cómo un fenómeno climático puede propagarse por toda la economía.

La agricultura fue uno de los sectores más afectados. Los sectores productivos concentraron 53% de las pérdidas totales, mientras el transporte representó otro 28%. En el caso del banano, alrededor de 25.000 hectáreas resultaron afectadas en Guayas, Los Ríos y El Oro, equivalentes entonces a 15% del área cultivada. Las pérdidas alcanzaron aproximadamente 456.000 toneladas y afectaron directamente a más de 61.000 agricultores.

Cuando cae la producción agrícola, tanto del banano como de otros cultivos, también sufren las plantas procesadoras, empacadoras, transportistas, comerciantes y exportadores. Las inundaciones y las interrupciones de las comunicaciones obligaron a detener actividades productivas, mientras algunas plantas tuvieron que cerrar por falta de materias primas o por daños en sus instalaciones. Es decir, el daño económico no se produce únicamente donde ocurre la inundación. Se transmite a través de las conexiones que mantienen funcionando a una economía.

La balanza comercial también está en riesgo

El Niño de 1997-1998 también dejó una importante lección sobre la balanza comercial. La menor producción agrícola y pesquera redujo las exportaciones ecuatorianas de $5.360 millones en 1997 a    $4.326 millones en 1998. Simultáneamente, la menor oferta doméstica obligó a incrementar las importaciones, que pasaron de    $4.869 millones a    $5.455 millones por la necesidad de importar alimentos, materias primas, bienes de capital y otros elementos para el esfuerzo de de reconstrucción. El resultado fue un deterioro importante de la balanza comercial: de un superávit de $461 millones en 1997 a un déficit de    $1.132 millones en 1998. Para una economía dolarizada desde el 2000, este canal merece especial atención, pues un deterioro de las cuentas externas puede tener un impacto negativo en los niveles de liquidez interna.

Un evento severo puede reducir los ingresos del Estado provenientes de actividades afectadas, justo cuando aumentan las necesidades de gasto para atender la emergencia, rehabilitar infraestructura y reconstruir. En 1998, el déficit fiscal llegó a 12,1% del PIB, frente a 8,6% en 1997. Para las empresas, esto puede traducirse en cambios en las prioridades presupuestarias del Gobierno, retrasos en inversión pública en áreas no afectadas por el fenómeno, mayores necesidades de financiamiento y eventualmente nuevas medidas tributarias.

"El daño económico no se produce únicamente donde ocurre la inundación. Se transmite a través de las conexiones que mantienen funcionando la economía".

Ecuador es hoy diferente al país de 1997. La estructura productiva, la infraestructura, la tecnología, los sistemas de alerta temprana y la capacidad de prevención han cambiado. Por ello, sería incorrecto trasladar mecánicamente las pérdidas de aquel episodio a la economía actual. Pero la historia sí permite identificar los principales canales de riesgo que deberían estar en el radar de los empresarios y del gobierno.

Para el sector privado, la pregunta no debería ser solamente “¿qué daños podría causar El Niño?”, sino algo más estratégico: “¿qué pasaría con mi empresa si durante 30, 60 o 90 días una parte crítica de mi cadena de suministro dejara de funcionar?” La respuesta requiere identificar proveedores alternativos, revisar inventarios, evaluar rutas logísticas, analizar seguros, definir protocolos de continuidad y cuantificar el impacto financiero de distintos escenarios. Para el sector público, la pregunta no debería ser solamente “¿estamos preparados?”, sino “¿cómo lo vamos a financiar?”.

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