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Cuando el show del fútbol debe continuar

Pandemia, problemas sociales y hasta urgencias médicas no han bastado para detener el balón. El factor económico manda en la decisión final

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La Copa América se desarolla en Brasil en medio de los casos de la COVID-19.EFE

La Copa América es un negocio de 140 millones de dólares garantizados. Esa cifra la reveló el presidente de la Confederación Sudamericana de Fútbol, Alejandro Domínguez, cuando entregó el derecho para comercializar las ediciones del torneo de 2021, 2024 y 2028 a la firma japonesa Dentsu.

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Mientras, la Eurocopa es capaz de mover hasta mil millones de dólares solo en la venta de los derechos de televisión.

Esas cifras se convierten en razones poderosas para seguir con un espectáculo que se ha rodeado de polémicas, ya sea por problemas como la pandemia, protestas sociales o inconvenientes de salud.

El corazón del mediocampista danés, Christian Eriksen, se detuvo en el partido ante Finlandia, en el arranque de la Eurocopa. “Bueno, ¿qué debo decir? Había muerto. Le hicimos una reanimación y fue un paro cardíaco. ¿Qué tan cerca estuvimos? No lo sé”, dijo el médico de la selección de Dinamarca, Morten Boesen.

El duelo se suspendió en primera instancia, pero los jugadores volvieron a la cancha dos horas después.

En mayo, en Barranquilla, el partido entre Junior y River Plate se detuvo por unos minutos porque los jugadores empezaron a sentir el efecto del gas lacrimógeno que llegó desde la protesta social que ocurría a pocos metros del estadio. Tras un corto descanso se reanudó el juego. Y los demás partidos de los equipos colombianos se llevaron a otros países.

Mientras, la Copa América se está desarrollando en Brasil, un país muy golpeado por la COVID-19 y que ya registra 65 contagiados entre las delegaciones. Este torneo fue rechazado por los jugadores de la selección brasileña. Hasta conversaron con los capitanes de los demás combinados con el objetivo de cancelarla. Pero, al final el torneo arrancó.

Esta necesidad por jugar, a pesar de todo, es tratada desde diferentes aristas.

CAMBIO EN EL OBJETIVO PARA EL FINANCIAMIENTO

El sociólogo Fernando Carrión considera que es posible seguir con el show, porque el financiamiento del fútbol se dirigió a la televisión y a las redes sociales. “Eso hizo que se pueda prescindir de los aficionados en los estadios y toda la euforia que existe alrededor del fútbol en las ciudades sedes. El caso más patético es lo que está sucediendo en Brasil”.

Él admite que el fútbol tiene impacto financiero, pero señala lo más importante. “Es cierto. El fútbol es un sector de la economía, mueve cerca del 1 % del PIB del Ecuador. Es una cantidad muy grande. Pero, la prioridad es la salud, la vida de la gente y eso no se puede soslayar. Tal es así, que la Conmebol, la FIFA o LigaPro no determinan si se juega o no, sino que eso define el COE Nacional porque es una competencia reservada para las instancias que ven la correspondencia entre condiciones económicas, sociales y de salud”.

EXPLOTACIÓN DE FUTBOLISTAS

Para el entrenador Carlos Sevilla, la presión económica ha generado otro problema: la explotación del deportista.

“El fútbol ha llegado a depender demasiado de las firmas que lo patrocinan. Se da prioridad al aspecto económico y se deja a un lado la parte humana. Sería bueno reflexionar sobre la explotación del futbolista. Le obligan a jugar más partidos de lo normal, con ligas y torneos que se inventan para generar dinero para quienes lo regentan. Eso está deteriorando la integridad física y mental del jugador, a la par de que se le está alejando de su familia”.

BALANCE ENTRE LA SEGURIDAD Y LA NECESIDAD

Para Carlos Tenorio, bimundialista con Ecuador y presidente de la Asociación de Futbolistas del Ecuador, hay que separar los momentos y entender la coyuntura. “Cuando se arman estos eventos deportivos se entiende que han contemplado todas las medidas de bioseguridad, en el caso de la COVID-19, y de seguridad en cuanto a las manifestaciones sociales”.

Para él, lo ideal es el balance entre la necesidad y la seguridad. “Lo central siempre será cuidar la integridad del ser humano. Entendemos que se vive una situación complicada. Todos necesitamos reactivarnos, el sistema económico debe seguir su rumbo, pero también tenemos que velar por la integridad de todos”.

De acuerdo a su experiencia como jugador, él admite que este tipo de situaciones siempre están en la cabeza del deportista. “El jugador vela por lo individual primero. Por ejemplo, cada uno se preocupa por no contagiarse, pero también proyecta a lo colectivo, porque tenemos familia y nos preocupa. La competición inició y los actores están protegidos, pero sería bueno también atender al entorno”.

ATENDER EL ASPECTO PSICOLÓGICO

Y en ese sentido, la psicóloga deportiva, Jenny Garzón, reconoce que jugar bajo esas condiciones significa una mayor presión. “Los jugadores deberían tener charlas de prevención, psicoeducación y además chequeos con el psicólogo para bajar estas cargas emocionales que pueden ser muy fuertes”.

Según ella, el deportista no se deslinda del entorno y sin la atención necesaria podría, inclusive, bajar su rendimiento.

“Solo el tener que jugar genera ansiedad precompetitiva, esta ansiedad influye en los pensamientos. Si no sabe controlar la ansiedad se ofusca y hace cosas que no practicó, por eso dicen que entrena bien y en la cancha no le sale, tiene que ver con la ansiedad precompetitiva. A eso súmele la ansiedad y el pánico por la COVID-19”.

Para ella es recomendable tener charlas con psicólogos unas tres horas antes del evento “para ir quitando cosas que tenemos en la cabeza”.

Y así, el show del fútbol sigue, en un escenario financiero que no le permite parar.

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